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A renglón seguido

En las enlutadas nieves del Atlas

Abril 13, 2015

Desde luego, hay vidas en las que uno no está para nada, y más valdría no levantarse del lecho; ni tan siquiera al baño, no fuera a ser que resbaláramos sobre el encerado pasillo de la desgracia o tropezáramos con el taquillón del infortunio, para acabar tomando tierra en el suelo de la tragedia, a la que, tarde o temprano, después del asedio que nos dispensa el destino, nos veremos sometidos.

No hay más que asomarse al balcón del obituario de las últimas semanas. Superada, al menos en parte, la voluntariosa inclinación por aparecer en los libros de historia de la aviación civil del conductor de bajos vuelos teutón –la realidad de la noticia es fungible y efímera-, el ambicioso luto del acontecer diario nos ha seguido ofreciendo diversas muestras con un despliegue de botones a tener en cuenta.

Más de una cincuentena de marineros a bordo de un pesquero ruso caídos en el combate de la faena diaria en el lejano mar de Ojotsk (Rusia) –allá por donde Putin dio las tres voces-, y alrededor de ciento cincuenta estudiantes cristianos abatidos por la decisión de una célula de Al Qaeda en la universidad de Garissa (Kenia) –si Antonio, el del celuloide, levantara la cabeza-…

Infructuoso rescate

Y todavía calientes, aunque hayan podido fallecer por hipotermia, están los dos –de tres- montañeros-espeleólogos españoles, que decidieron dar rienda suelta a lo que para los sedentarios y cariacontecidos espectadores de batín y pantufla domésticos no comprendemos: la irrefrenable compulsión por participar en los llamados deportes de riesgo; perdón, ahora neologizados en extremos.

El trío practicaba su diversión en un punto, devenido en fatídico, de la escarpada cordillera de las enlutadas nieves del Atlas en Marruecos. El mítico gigante, que siempre andaba “de atlás p’alante” una vez condenado por Zeus a echarse a los hombros el Mundo, se ha tomado un descanso, y se lo ha puesto por montera descuidando que no se despeñaran.

Ahora viene la polémica del infructuoso rescate. Parece que nuestro monarca ofreció a su equivalente alauí la participación en el operativo de expertos nacionales, y que, si bien inicialmente hubo consentimiento, éste fue reprobado por los gendarmes locales que deben de mandar más que su superior ulterior. ¡Ay Dios, qué mala consejera es la vanidad desde la suficiencia! Eso sí, mientras S.S.S. –la Vice de Brey– asegura que “España ha hecho todo lo que ha podido”, García Margallo –el de Exteriores y Cooperación… ¿seguro?- opina que ha podido haber “disfunciones en la gestión”. ¿En qué quedamos?

Tiempo en la toma de decisiones

Y como colofón, también en la sede de Mohamed VI, el fallecimiento por calcinación en el incendio de su autobús, en colisión con un camión cisterna, de más de una treintena de niños, que venían de participar en un Campeonato Escolar de Deportes. ¡Cómo que la actividad física es salud “ni qué niño muerto”! Se desentiende intermitentemente en los trayectos para su práctica: el entremés ilusionante de la ida (a Rabat) y el postre, dulce o amargo, del –imposible en este caso- regreso, aunque fuere “al tran tran”, a Tantán.

Alá llama a sus fieles, pero también a los nuestros, entre los suyos. Pase que vele y se desvele por sus súbditos, pero sería deseable que respetara los tiempos de la toma de decisiones de la competencia; como el vecino con más tablas de la Bóveda: el decalogista de Moisés. Entre bomberos celestiales… no cabe pisarse la manguera de sus dominios.   

Paco de Domingo