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Otras opiniones

En busca de las siete virtudes

Marzo 3, 2010

Siete habían sido los guerreros elegidos, que bajo la bandera de la pasión, cabalgaron por tierras desconocidas para descubrir que se escondía en aquellos templos. Numerosos eran los libros que relataban las historias de comunidades remotas que practicaban la dialéctica como arma de ataque y se protegían frente a tempestades de demagogia y terribles pestes de verborragia con adargas colosales, capaces de atemorizar a los dioses de la retórica.
Aquellas comunidades albergaban sabiduría tal, que aquellos que osaban superar las siete pruebas y lo conseguían, eran recompensados con el don de la sutileza. Este don permitía a quien lo ostentaba vencer con facilidad las batallas argumentativas. Estos combates se iniciaban con un ritual armónico, donde cada participante entregaba vivencias que consideraba esenciales en su trayectoria vital; con la única condición de que en el caso de caer derrotados, tales vivencias pasarían a formar parte de su oponente.
Los enfrentamientos duraban semanas o incluso meses, y era un tribunal formado por dos sustantivos, un adjetivo y tres metáforas los que dictaban sentencia ante dicho evento y que sólo podía producirse cuando las constelaciones gramaticales se encontraban en armonía.
Los siete guerreros pararon en un valle para contemplar el hermoso atardecer, habían recorrido demasiadas tierras sin haber hallado lo que buscaban.   Templanza preguntó: “¿Vosotros sabéis qué se esconde en aquello que buscamos?”. “Valentía”, contestó rápidamente sin dejar a sus compañeros, Esfuerzo y Constancia, solucionar la cuestión. “No sé hacia donde nos dirigimos, ni tampoco lo qué se esconde en esos templos, pero puedo afirmar con rotundidad que, sea lo que sea, ¡venceremos!”
Entusiasmo le contestó: ¿Cómo estás tan seguro?”. “Muy sencillo querido amigo, formamos un grupo unido que tiene las cualidades esenciales para superar cualquier dificultad, pero debemos recordar siempre que, así como todos juntos lograremos cualquier objetivo, ninguno de nosotros por especial e iluminado que se considere alcanzará en solitario el advenimiento de la retórica”.
Sorpresa
Quedaron todos sorprendidos ante semejante disertación pero pocos fueron los aludidos. En realidad Optimismo creía sus habilidades superiores, y poco importaba que se discutiera sobre asuntos que él consideraba nimiedades. Tampoco Ambición escuchaba lo que su compañero le decía. Estudiaba como conseguir deshacerse de colegas que estimaban cargas pesadas para tan ardua aventura.
En aquel momento el Dios de la retórica hizo su aparición y pronóstico lo siguiente:
“Son demasiado necios para entender que los pecados de la ignorancia atraviesan sus corazones, pretendiendo revolucionar sus esquemas. Si quieren superar las siete pruebas, necesitarán apoyo y respeto colectivo”.
La aventura de estos siete guerreros queda al arbitrio de su imaginación, pero recuerde cada día que se levante, que siete son los guerreros que deberán acompañarle en esta interesante aventura.

Alejandro Serrano es estudiante de Derecho, Políticas y Económicas