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Empresas 2.0

Diciembre 20, 2010

La crisis económica, la Globalización, la Generación Y, y las nuevas tecnologías para competir requieren: empresas 2.0. Aunque el nombre haga referencia a Internet, la cultura de esas empresas es algo más complejo. No se trata solo de la utilización de las tecnologías como sistema de organización, es una filosofía de comportamiento. La cultura 2.0 se basa en una nueva concepción de la creatividad y la innovación.

Los países desarrollados no pueden competir por costes. Cualquier producción rutinaria que ellos hagan será copiada rápidamente por las empresas situadas en zonas en vías de desarrollo a menos coste laboral. En esas producciones en rutina la tecnología es imitable y los costes de transportes son poco significativos. Por ambas razones la producción se desplaza hacia aquellas partes del mundo donde el coste de la mano de obra es inferior; China, por ejemplo. El fenómeno se conoce como: deslocalización industrial.

Sin embargo, en muchos servicios en persona la producción no se puede trasladar, porque se produce a la vez que la vende; por ejemplo en hostelería. No se puede producir un café cortado en China para servirlo inmediatamente en un bar de Sevilla. Pero, entonces son los productores, vía inmigración, quienes se desplazan de zona subdesarrolladas a las desarrolladas. Por tanto para competir en producción en rutina o en servicio en persona, los países desarrollados tienen que reducir el poder adquisitivo de sus salarios. Algo que lleva a inestabilidad social y decepción colectiva.

La única forma de competir que tienen las empresas del primer mundo es producir con valor. En este tipo de actividad económica la innovación es esencial. Son empresas que descubren nuevos mercados, incluso los inventan creando necesidades en el consumidor. También son capaces de elaborar nuevas formas y más baratas de satisfacer necesidades actuales. En consecuencia el precio que pueden cobrar es muy superior al coste. Por eso se llama producción en valor y exige imaginación; ya lo dijo Einstein.

Hasta hace poco, eso se hacía mediante inversiones en I+D en departamentos especializados. Pero ahora se sabe que es mucho más potente que todos los componentes de la empresa actúen de manera colaborativa para innovar rápido y de manera continúa. La evolución constante es necesaria porque, una vez se ha demostrado el éxito de una innovación, aparecen los imitadores que compiten rápidamente. Las empresas 2.0 están en una constante carrera para ir delante de sus potenciales competidores.

Para conseguir un constante proceso de innovación son necesarias algunas condiciones: a) una plantilla comprometida, commitment, se llama en inglés; b) una cultura de colaboración y, a la vez, de competición, que estimule la innovación colectiva a través de compartir el estímulo individual de mejora, su nombre anglosajón es co-opetition (ser capaces de competir y cooperar a la vez, algo nada fácil, es como sorber y soplar al mismo tiempo; inténtelo); c) un clima laboral que despierte la imaginación y la creatividad, lo que exige un trabajo divertido que active el cerebro humano; y, por último, d) la utilización de las nuevas tecnologías como instrumento de apoyo.

De todas estas condiciones la más importante para la cultura 2.0 es lograr el proceso de creación colectiva y colaborativa: la co-opetición. En una de estas empresas hay pizarras en los pasillos donde las personas apuntan su idea innovadora (con el ruego de no borrar). Cuando otro miembro de la empresa pasa delante de ella y puede completarla anota su opinión. De esta manera, poco a poco, se va conformando un producto o servicio nuevos, o una forma de elaborar mejor o más barato los actuales. Al final es una creación colectiva que redunda en el beneficio de todos.

Las empresas 2.0 pueden ser grandes, medianas o pequeñas, pueden invertir mucho o poco en I+D. Lo importante es que vayan siempre por delante y consigan las características de una producción en valor. Con ellas se cumple el eslogan de Mayo del 68: la imaginación al poder.  Una imaginación disciplinada que es la mejor manera de competir en un mundo global y competitivo. España lo necesita.


J.R. Pin Arboledas es Profesor del IESE. Director del Executive MBA en Madrid