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Otras opiniones

Elecciones, ¡ya!

Enero 31, 2010

En los últimos días todas las alarmas de emergencia nacional se han encendido. Todas las sirenas respecto al peligro que acecha a la nación más antigua del mundo han estado sonando e incluso, los avisos han comenzado a llegar desde lugares próximos al presidente Zapatero que de inconsciente ha pasado a convertirse en un auténtico autista.
El núcleo duro de la Unión Europea -donde sus brotes verdes no quieren que se hielen por la infame política española-,mira con enorme recelo y preocupación la deriva que ha tomado España y singularmente su economía. Creen que esa economía mortal de necesidad para sus intereses (por la Unión Monetaria), puede arrojarles a las tinieblas exteriores. No están dispuestos a consentirlo. Desde Gordon Brown a la canciller Merkel pasando por el París de Nicolás Sarkozy.
Pintan bastos para todos nosotros. Y, lo irónico del caso, es que son los ciudadanos españoles los que están sufriendo en sus propias carnes la incompetencia mayúscula de una aberración política apellidada Rodríguez Zapatero.

Cuestión de credibilidad

 El asunto capital en la actual hora se llama Credibilidad. El presidente del Gobierno ha ido, poco a poco, dejando jirones de su estima por todos los rincones del país, porque al fin y a la postre, sus seis años de poder no han sido otra cosa que remiendos. Sin hoja de ruta definida, salvo en los manidos clichés respecto a lo “social”, se ha comportado como el último de la clase y el resultado es que en esta hora ya no le toma en serio nadie. Ni siquiera sus propios deudos.
Si ello es así de forma manifiesta en el interior de España, qué decir de lo que dice su nombre por Europa o por los grandes países de América. El “míster Bean” deambula como alma en pena. Ahí está su reciente comparecencia en Davos donde, el pobre, se ha limitado a repetir como un papagayo una serie de monsergas que nadie traga. Ha pedido confianza para la economía española. ¡Pobriño! Pero si lo que está en cuestión no es el conjunto del sistema económico productivo de nuestro país sino su propio liderazgo del que lo mejor que se puede decir es que no existe.

Elecciones como única salida

Entre los grandes expertos lo que se ventea es en cuánto tiempo podrá aguantar España en esas manos. Nadie ya da un maldito euro por su viabilidad. Zapatero es la viva imagen del fracaso, la frivolidad, la incompetencia. Podríamos escribirlo de otra forma pero entiendo que es mejor hacerlo por corto y por derecho.
No tenemos otra salida que celebrar elecciones generales ¡ya! y librarnos democráticamente de este cenizo histórico. Lo contrario será profundizar aún más en el detritus y la desesperación de cinco millones de familias. ¿Quiere todavía más?
¡Vete ya reclamo supremo de la agonía y el despilfarro!
 
Nunca pensé que mis compatriotas tuvieran el cuajo demostrado para soportar tanto oprobio, tanto engaño y tanta farsa.
¡Que paren España! Yo me apeo.

Graciano Palomo es periodista, analista político y director de Ibercampus.es