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Mi Tribuna

El suicidio político de Rosa Díez

Marzo 29, 2015

Las elecciones de Andalucía han arrojado numerosas lecturas.  En esta semana post electoral hemos visto las diferentes caras de las derrotas o las victorias, siempre según el color del cristal con que se mire. Ha sido una especie de sonrisas y lágrimas intentando extraer conclusiones sin que ninguna de las formaciones políticas se haya sincerado en la realidad de unos resultados que dejan varios perdedores claros: PSOE, PP, IU y UPyD.

Los socialistas consiguieron reeditar sus escaños a costa de perder un cinco por ciento en su porcentaje de votos. Eso les vale para ganar, pero no será posible gobernar con la estabilidad que pedía Susana Díaz. Claro, otra cuestión sería analizar la valía de un resultado entre los ERES, la jueza Alaya y la corrupción. Entonces sí, es una triunfadora absoluta.

Qué decir de Partido Popular e Izquierda Unida, arrasados por diferentes tsunamis y sin solución a corto plazo en esta plaza donde han padecido a dos adversarios concretos: Ciudadanos y Podemos. Su estrategia, confusa, ha tenido un castigo sin piedad que puede arrastrar a otras convocatorias. Son la parte débil de este cuento de nunca acabar que tiene, sin duda alguna, a UPyD en el pozo de su subsistencia. Porque en Andalucía habrán ganado unos y perdido otros, pero el partido de Rosa Díez ha recibido el aviso más cruel que coquetea no solo con su futuro, sino con el presente de su lideresa y toda su obra.

UPyD, un partido de autor

Siempre hemos asimilado la marca de Rosa Díez al ADN de UPyD. En su momento, fue el partido neutro que albergó diferentes sensibilidades y dio un sentido nacional a su mensaje en medio de la marea bipartidista. Era, en resumidas cuentas, “el partido de Rosa Díez”. Sin más. Y sin menos. Todo el episodio posterior a su debacle en Andalucía ha destapado lo que se conocía en esencia; que era una formación sustentada en la figura de su creadora. UPyD podría considerarse un partido de autor, pero ahora es un partido en descomposición. Quizá por eso mismo, porque era un partido de autor basado en la fuerza mediática de una persona que supo aprovechar su momento.

El problema de UPyD es que no ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos políticos que obligan a replantear muchas cuestiones. Principalmente, se le ha vuelto en contra su rechazo al pacto con Ciudadanos y el grupo de Albert Rivera ha rentabilizado al máximo ese exceso de protagonismo con un trasvase de votos, seguidores e incluso militantes.

Rosa Díez ha emplazado a sus críticos y no críticos hasta después de las municipales y autonómicas en espera de lo que deparen sus resultados. Error. Estamos en una etapa de tendencias políticas y lo que cuenta ahora es esas modas que apuntan a Podemos por la izquierda y Ciudadanos por el centro-derecha. Ahí es donde patina UPyD, que va camino de un nuevo batacazo en mayo en favor precisamente de ese ‘ogro’ naranja al que no quiso ni mirar cuando le propuso matrimonio político. Aquel rechazo fue el principio del fin, el ocaso de un partido y una persona. El final de una aventura maravillosa. El suicidio de Rosa Díez en medio de los gritos que piden un cambio mientras ellas se agarra a una supervivencia estéril. Al final, va camino de terminar como una más de las que se aferran a un espacio del que ya no es dueña.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid