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¡Qué fuerte!

El suicidio de Telemadrid

Enero 10, 2013

La televisión autonómica de la Comunidad de Madrid, Telemadrid, tiene 1.200 trabajadores. Una barbaridad de gente teniendo en cuenta que es una televisión pública, para una comunidad pequeña y con una programación que, sinceramente, deja mucho que desear. Mucha gente, pocos medios, mucho pillaje y poca calidad para una televisión que está viviendo su propia muerte transmitida con una pantalla en negro por culpa de una huelga criminal. Gran cantidad de directivos con unos sueldos desorbitados y con un déficit en aumento, una mala gestión, el enchufismo, el desplome de la audiencia, la contratación de productoras externas para realizar programas, -teniendo a 1.200 personas mirando mientras al cielo- en lugar de usar los recursos técnicos y humanos propios y un sin fin de cosas más podrían ser el final de este servicio público de los madrileños.  A Telemadrid le sobra gente, es evidente y con tanto despilfarro se ha llegado a la conclusión de que hay que despedir a más de 900 personas. Son 900 familias que se van a la calle, que se quedan en el paro y que van a pasar serias dificultades. Esto es grave, muy grave. Pero más grave todavía es la gestión que están haciendo los sindicatos de esta huelga. Auténticas barbaridades dignas de dictadores con los métodos más crueles y atroces.

Contra la libertad de trabajar
Hay gente que ha decidido ir a trabajar porque no puede permitirse el lujo de hacer huelga ya que, los días que secundan la huelga, no cobran. Ha sido una huelga prolongada y, ya sea por cuestión de dinero o por cuestión de ideas, hay gente que si ha querido trabajar. Pero los sindicatos no han respetado esa decisión y han vejado, maltratado y amenazado a estos trabajadores. En la cafetería los rodeaban, daban golpes en sus mesas y con un altavoz les llamaban “hijos de puta”.

Los jefes alternan entre risas con los sindicalistas sin pudor alguno. Incluso algún jefe ha increpado a unas trabajadoras y las ha acusado de tener la culpa de la tensión y crispación que hay en el ente por ir a trabajar. Los sindicalistas están amenazando de muerte, diciendo incluso frases como “sabemos a qué colegio van tus hijos”, les escupen y zarandean los coches, les hacen fotos y las pegan con un “hijo de puta” debajo… La situación es tan tensa y peligrosa que los propios trabajadores han creado una especie de manual para salvar sus vidas en el que se dan consejos como no coger el ascensor solo o no ir al baño solo.  En una asamblea realizada esta semana, los sindicalistas se vanagloriaban de haber “herido de muerte

Rosana Güiza Alcaide