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Mi Tribuna

El sueldo de sus señorías para jugar al Candy Crush

Marzo 1, 2015

La revuelta del debate sobre el Estado de la Nación ha destapado los números de sus señorías; esos sueldos, dietas y gastos diversos que engordan los ingresos de nuestros diputados y senadores. Las cifras pueden tener diversas interpretaciones, sujetas siempre a la susceptibilidad personal de cada uno y a cómo se interprete el ejercicio de la política. Por lo general, hablamos de un trabajo cómodo, con una evidente carga de responsabilidad unida a una actitud que debe ser ejemplarizante. Otra cosa es valorar si nuestros representantes públicos están mejor o peor pagados.

El sueldo bruto de un diputado es de 2.813 euros al mes, a los que añadir otros conceptos que engordan la nómina de manera sensible. Los diputados que no residen en Madrid reciben 1.823,86 euros al mes en concepto de dieta de alojamiento, mientras que los elegidos por esta circunscripción se embolsan 870,36 por idéntica cuestión cuando, supuestamente, no necesitan ese alojamiento ya que residen en algún punto de la geografía madrileña. A todo ello se añade una tarjeta de taxi con un límite anual de 3.000 euros. Es curioso este apartado, porque el Congreso destina cada año 7,8 millones de euros para sufragar los gastos de sus señorías.

Haciendo cuentas, un diputado ‘raso’ de fuera de Madrid percibe mensualmente 4.636 euros sumando simplemente los conceptos de sueldo bruto más la dieta de alojamiento. En este caso, no existe control sobre sus señorías que comparten desplazamiento en coche o tienen su residencia en Madrid pero, como representan a otra provincia, reciben ese dinero para sumar íntegramente a su nómina. A todo ello hay que añadir los pluses, general y generosamente repartidos, por formar parte de las diferentes comisiones. Es decir, que se puede redondear perfectamente hacia un salario por encima de los 5.000 euros.

La tableta del ‘candy crush’

Dejamos a un lado otras cuestiones materiales que también se pueden cuantificar como el teléfono o la tableta que tienen asignado cada uno de ellos durante toda la legislatura y que luego pueden quedarse en propiedad a cambio de una cantidad asequible. Sí, esa misma tablet que utilizaba para jugar al ‘candy crush’ la vicepresidenta del parlamento, Celia Villalobos, mientras intervenía el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Vamos a ver, nos escandalizamos de esta actitud cuando el Congreso ha dejado otras muchas imágenes para la memoria histórica de diputados entretenidos leyendo la prensa diaria o en actitudes adormiladas a bordo de su escaño. Esta es una simple cuestión de decencia personal, de lo que dudo puedan presumir muchos de esos políticos que ocupan esos privilegiados asientos. Porque la reflexión es extrapolable al Senado, otra cámara que duplica las mismas retribuciones desmenuzadas unas líneas más arriba.

Celia Villalobos, además, es una de las personas que más cobra en esa Cámara porque los miembros de la mesa de las Cortes tienen unas retribuciones diferentes al resto de diputados. Y Celia Villalobos siempre ha presumido de estar cerca de las sensibilidades que se viven en la calle. Es una cuestión de respeto, no solo al orador que ocupa el estrado en ese momento, sino al resto de señorías y al conjunto de la sociedad española que no está precisamente para aguantar este pasotismo que refleja el ‘candy crush’ de Villalobos. Algo así como “tú habla que a mí me importa un comino lo que digas”.

Desgraciadamente, parece que estamos inmunizados ante este tipo de historietas porque hasta tenemos interiorizado o asumido que es normal ver imágenes del hemiciclo desierto. Pues no. No puede ser habitual pensar que se toman a cachondeo un trabajo cuyo salario sale del esfuerzo de todos.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid