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Los puntos cardinales

El solitario Erdogan, entre la plata y la porra

Junio 12, 2013

Al conocer la noticia de los disturbios en el parque Gezi de Estambul y la corriente de protestas subsiguiente me vienen a la memoria muchas imágenes, muchas situaciones y experiencias personales que invitan a reflexionar y a preguntar qué es lo que ha podido pasar. Turquía es el puente entre dos continentes, es OTAN y es el vecino más estable en un entorno integrado por Siria, Irán o Irak, en su parte asiática, o por estados en quiebra como Grecia o Chipre, en la margen euromediterránea. Hasta dónde ha llegado el hartazgo de los turcos para echar un pulso semejante a uno de los ideólogos de la Alianza de Civilizaciones, a Recep Tayip Erdogan, el mejor amigo de Occidente en esa complicada parte del mapa, tal y como quedó de manifiesto durante su encuentro con Barack Obama en la Casa Blanca hace menos de un mes. Alrededor del 95% de la población es musulmana y casi tres mil centros islámicos lo corroboran, pero hay una energía vital de modernidad en las dos orillas del Bósforo similar a cualquier gran ciudad de la ribera norte del Mare Nostrum. Al menos a ojos del visitante ocasional no se atisba en las calles de la capital de tres imperios el integrismo patente en otras muchas zonas urbanas del mundo musulmán, bien sea en el Bab El Oued argelino, en los núcleos wahabitas de La Meca o en los barrios chiítas del sur de Beirut. Por ejemplo, fijémonos en el incuestionable nivel universitario turco, modelo entre los países de su entorno, que a lo largo de estos años ha abierto las puertas de los campus a una mujeres que se han beneficiado de la apuesta de Erdogan por la investigación y la innovación, algo que su amigo Zapatero también prometió, aunque con palabras almibaradas que el viento acabó por llevarse mucho antes de la crisis lo justificase todo.

Economía y Sociedad

Las autoridades de Ankara se vieron obligadas a llamar a las puertas del Fondo Monetario Internacional y, una vez concretadas las ayudas, pusieron en marcha un programa basado en un férreo control sobre los bancos y en compaginar la inversión púbica con el estímulo al talento del sector privado. La suma de esas potencialidades y la sagacidad para vislumbrar el horizonte en el I + D + i han dado lugar a un país referente en las industrias renovables y, por supuesto, en los servicios, con un sector turístico que anualmente da la bienvenida a más de treinta millones de visitantes. Por si fuera poco, en el haber de Tayip Erdogan figura la reciente capitulación de la guerrilla kurda del PKK.

Existe, por tanto, una brecha enorme entre la realidad macroeconómica turca, con cifras de crecimiento cercanas al 5%, y un laberinto político cuya salida nadie parece ser capaz de encontrar. En Turquía ha habido procesos electorales homologables y esperanza en la prosperidad, lo que sitúa en un plano muy diferente las posibles causas de la marea de Taksim respecto de las concentraciones del Tahrir cairota, por más que les pese a quienes insisten en paralelismos inexistentes. Pero lo que es un hecho que a nadie se le escapa es que el jefe del Gobierno turco está contra la pared porque gran parte del pueblo le echa en cara sus hábitos autoritarios. Hace un par de noches desalojaba con sus fuerzas antidisturbios la Plaza Taksim, sólo unas horas después de haberse comprometido a iniciar hoy mismo el diálogo con los convocantes de las movilizaciones, evidentemente forzado  porque su viceprimer ministro, Bulen Arinç, o el propio jefe del Estado, Abdula Gul, habían tendido previamente la mano a los protagonistas de las protestas. De todos modos, han sido tres victorias electorales consecutivas que parecen haber acabado con la paciencia ciudadana por el poder absoluto del Partido Justicia y Desarrollo, cuyos seguidores también tienen previsto manifestarse el próximo fin de semana. La pregunta es obligada. ¿Hay una alternativa a esta formación hegemónica? Parece que entre el centro izquierda del Partido Republicano y el movimiento de extrema derecha ultranacionalista de los Lobos Grises sólo el partido de Tayip Erdogan parece estar suficientemente bien articulado. Con o sin él.  

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.