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Los puntos cardinales

El “show room” de un turco moderado, referente para las transiciones árabes

Septiembre 13, 2011

Al poco tiempo de que el reguero de las revueltas árabes comenzara a extenderse comentamos en esta misma sección que los países que en este momento derrocaban a sus regímenes desde calles y plazas tenían un modelo en el que fijarse: Turquía.

Han pasado los meses y hemos comprobado el diferente grado de aceleración reformadora que se vive en unos y otros. Hay una cierta ralentización en Túnez, mientras en Egipto parece que la prioridad es el procesamiento judicial de la familia Mubarak antes que poner en marcha cualquier calendario electoral. Nada o muy poco se sabe de Bahrein y Yemen, por su parte, ha perdido protagonismo. Mientras, Siria acapara titulares a base de sangre y represión y de Libia somos espectadores de una especie de juego del escondite de Muammar El Gadafi.

Un auténtico referente

Como vemos, es una amalgama compleja y desde luego con multitud de peculiaridades, aunque pueden ser todas ellas validadas como modelo de un cambio histórico. Llega, pues, el momento de buscar referencias, y para este conjunto de naciones casi todas se concitan en un nombre propio, Recep Tayip Erdogan, que en las últimas semanas ha hecho valer su coraje diplomático con dos naciones de la región con las que Turquía ha mantenido una relación privilegiada. A su vecino Bashar El Asad le ha trasmitido su rechazo a la brutalidad con la que régimen ha sido capaz de causar dos mil seiscientos muertos, según datos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU. Con Israel, hasta hace poco en plenitud de muy buena sintonía, ha cortado todos los vínculos en protesta por el abordaje a la flotilla de Gaza.

Erdogan estuvo ayer en El Cairo y hoy será Túnez donde se espera que coseche los éxitos propios de un verdadero mentor. Y mañana, fin de gira en Trípoli, en cuya Plaza de Los Mártires ante más de diez mil seguidores el máximo responsable del Consejo Nacional de Transición, Mustafa Abdul Jalil recordaba en la noche del lunes que Libia es una nación musulmana con un islam moderado que se mantendrá firme frente a cualquier ideología extremista. Este es uno de los aspectos que más dudas suscita en la chancillerías occidentales, un compromiso que será observado con cien ojos.

Para que las revueltas árabes puedan consolidar una camino hacia una democracia propia, donde la religión tenga el lugar que merece, es imprescindible una constitución laica frente a la sharia, unas fuerzas armadas bien preparadas y una economía próspera que sea capaz de remontar la crisis que sacude al civilizado mundo occidental, como ha hecho Turquía. Hoy por hoy, sólo hay un lugar que reúna esas condiciones, donde hasta comienzos del siglo XX perduró el imperio otomano, el antiguo enemigo de los árabes.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.