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Atando cabos

El segundo “asesinato” de Marta

Enero 15, 2012

Esta semana hemos conocido la sentencia que condena a 20 años de prisión al asesino confeso de la joven Marta del Castillo. Uno de los casos, sin duda, más repugnantes que se han producido en los últimos años. Repugnante no sólo por el crimen, sino por la ocultación, por el secreto del paradero del cadáver. En esto me quiero detener. La chulería de unos acusados primero, procesados después, y condenados por último, que han jugado con la vida de una familia castigándoles con el silencio criminal después de haber asesinado a Marta. El secreto del cadáver, o lo que es lo mismo, el segundo asesinato de Marta, pero que el Tribunal ha tenido a bien no castigar.
 
No voy a entrar en las “técnicas de persuasión” de la policía o de la fiscalía que han fallado como nunca, ni siquiera en la falta de reflejos de la propias Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en el inicio de esta investigación. Pero que todo un Tribunal sentenciador después de escuchar y valorar las pruebas, y lo que es mas grave: después de reconocer en la propia sentencia que “esta acreditado el daño adicional” por no desvelar el paradero de la víctima. Después de todo eso, el Tribunal sentenciador no contempla incrementar la condena de Miguel Carcaño porque insinúa que el argumento jurídico de la fiscalía no es el adecuado.  

Algo falla en nuestra Justicia

Estamos casi en un problema de formas. El Fiscal argumentó el delito de “daño a la integridad moral”. Un supuesto contemplado en el artículo 173.1 del código penal. El Tribunal hace suyo este argumento que solo afecta a daños civiles y no penales, y luego insinúa que el supuesto requerido es un error. Que lo lógico hubiera sido pedir responsabilidades penales por causar “lesión psíquica”, lo que aumentaría la pena del condenado. Es decir, se dan lecciones de Derecho a distancia, por escrito y a posteriori. El Tribunal le dice al Fiscal que no precisa bien su trabajo, y deja el incremento de condena sin aplicar. Nadie se puede creer que durante la instrucción, el procesamiento o en la fase del juicio oral, al fiscal no le llegara, de alguna u otra manera, el supuesto más conveniente para aplicar. ¿O es que los Jueces mientras escuchaban el informe final de la fiscalía no repararon en el tipo delictivo consecuencia de la ocultación del cadáver? Pero nadie puede sugerirle nada al ministerio público, ni el Tribunal puede modificar peticiones. Lamentable.
 
La familia de Marta esperaba de este juicio dos cosas que no han ocurrido: que pagaran todos los que participaron, y que se revelara de una vez dónde arrojaron el cuerpo de Marta para poder sepultarlo, para poder honrarlo, para poder empezar a asumir su ausencia. Ninguna de las dos aspiraciones se ha visto cumplida. Negarse a decir dónde está Marta queda sin castigo. Y la “Justicia” ha sido menos “justa” en este caso.
 
Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio