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Otras opiniones

El seductor

Noviembre 6, 2012

Ausencia de palabras, miradas que lo dicen todo. El macho dominante, sin necesidad de sonidos estridentes. Un ambiente de cortejo ilimitado, una sensación permanente de vivir, de frenesí. Elige su víctima al azar, pero algo ha de llamar su atención.

Un grupo de hembras a la espera, primero observa. Se acerca con lentitud pero siempre sin pausa y posteriormente ataca. Esta vez tengo la suerte de ser yo, o no…

Recorre mi cuerpo con sus ojos, parece escanearme. Sin rozarme es capaz de provocar sensaciones que desconozco. Todos mis sentidos reaccionan ante la presencia del seductor.

Pone las cartas sobre la mesa, pero siempre guarda un secreto. Un secreto que termina siendo un regalo, una meta, un objetivo. En este caso, mi objetivo. Se convertiría así en el cazador cazado.

Comienza el reto, no me puedo resistir. Se sitúa frente a mí. Antes de que ocurra ya siento sus manos, rodeando mi cintura, mis pechos. Mi pulso se acelera, estoy adelantando acontecimientos. Lo deseo tanto que pierdo el control.

Quiere llevarme a su guarida, la pasión habla por mí. Soy como una hoja otoñal, dejándose llevar por la primera ola de viento. No recuerdo en qué momento afirmo seguirle, casi sin darme cuenta estoy dentro. Ya no tengo escapatoria, no quiero tenerla.

Me empuja contra la pared, fiera a la vez que sutil. Sus manos presionan mis muslos, y levanta mi falda en menos de un segundo. Una ráfaga de calor me invade, nuestras bocas se aproximan, puedo notar su aliento.

Definitivamente estoy perdida; muerde mis labios, juego de lenguas y un escalofrío recorre mi espina dorsal. Quiere abarcar todo mi cuerpo. Estoy temblando mientras me envuelve entre sus manos.

Es como un imán, su cuerpo presiona el mío. Deseando fundirse en uno. Es entonces cuando desabrocho los botones de su camisa con desesperación, buscando sentir su pecho. El seductor me tiene encandilada, soy incapaz de pensar, de actuar. Torpemente caminamos sin dejar de besarnos, hasta tropezar con su cama.

Tenemos que resolver el misterio piel a piel, caigo de espaldas. Se despoja de su camisa, sus pantalones caen al suelo. Ahora soy íntegramente su presa, sin oponer ningún tipo de resistencia.

No tengo fuerzas, el peso de su cuerpo absorbe mis energías. Latimos conjuntamente, el apareamiento, la naturaleza, la vida. Respiración profunda, sin saber dónde estaremos mañana permanecemos abrazados. Todo es incierto en la guarida del seductor. Una vida que desconozco, mil recuerdos repartidos entre las paredes.

Lo único que tengo es mi intuición. Aún es pronto para que lo sepa, pero le inyecté una dosis de un veneno indetectable. ¿Qué ocurriría si el seductor llegara a toparse con la seductora? Juguemos…