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Otras opiniones

El secreto de Rita

Mayo 2, 2010

Una vez en los años 90 escribí que Rita Barberá sería ministra en el gobierno Aznar. Tenía yo tantos argumentos para poder afirmar aquello que era el propio jefe del PP el que me había hablado con entusiásticos elogios de la indómita alcaldesa de Valencia.

Hace unos días, enfurecida por la manipulación del PSOE respecto al tema de El Cabanyal, que afecta de plano a su “auctóritas” amasada durante muchos años de buena gestión en la capital levantina y el aplastante apoyo popular, reunió a un nutrido de periodistas madrileños (seniors, con alguna excepción de “palanganeros” de siempre, es decir, esa a la que lo mismo le da ser comisaria política de Felipe González y luego abrevar a estómago agradecida en la tele de Aguirre), para defender con el ímpetu y la fuerza que le caracteriza su actuación en ese barrio marginal de Valencia.

Si los datos ofrecidos por Rita son ciertos –como parece-resulta obvio que estamos en presencia de una burda campaña de intoxicación nacional que sólo a la viscosa Carmen Alborch –más antigua que la caspa-, y a Fernández de la Vega –más amortizada que la quiebra de Lheman Brothers- interesa.

Cuando alguien es imbatible en las urnas hay que buscarle cosquillas artificiales. Pero con Rita han topado. Van dados si pensaban que se iba a meter debajo de la mesa.



Valencia, la obsesión

Barberá fue terrible con los “gürtel”. “Una pandilla de sinvergüenzas que se han intentado aprovechar del PP…” Y es verdad. ¿Por qué entonces los chicos del “joven Jánli” aprovechan cualquier ocasión para intentar zarandear a la popular y populista alcaldesa de Valencia?

Obvio: intentar que los valencianos le manden al averno.

 
Porque hay dos obsesiones –y se comprende-en el deshilachado panorama zapaterista: Valencia y Madrid.

Lo obsceno de El Bigotes, lo vomitivo de Correa, lo repugnante del ex director general de Canal 9, Pedro García, y sus amigos, los más que sospechosos negocios multimillonarios de un personaje (José María Michavila), deleznable que lo sacó todo del PP a cambio de nada, no nos conduce directamente a la injusticia. Incluso, la sospecha en las andanzas de otro ser inexportable como el “empresario” José Luis Ulibarri, aterrizado en la Comunidad Valenciana, nos conduce directamente a la aplicación del sentido común antes que al Estado de Derecho.

Tengo para mí que Z y sus cuátes, en lugar de aplicarse a las cosas de comer, va a seguir intentando como en los años de la Inquisición fusilar al amanecer a todo aquel que pasaba por allí.

 

Del surco al tajo

Donde no hay harina todo es detritus. Podría ser muy bien la definición de la España zapaterista. Como no saben qué hacer –porque no saben, ni pueden y dudo que quieran-ante la ingente legión de parados, hay que mover el braserillo a ver si en ese empeño –carísimo, por cierto-trincan a algún adversario político.

Es el caso de Rita Barberá, avalada por una impecable gestión y, por ende, con el apoyo de sus administrados.

¿Por qué? Sencillamente porque está en el surco y en el tajo.

Y esto, tal y como está la clase política en España, no es nada baladí.

 

Ya vamos conociendo a unos y otros.

 

Es el caso.

 

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es