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Otras opiniones

El secreto de los dedos

Julio 21, 2011

Pocas cosas en la vida son tan especiales como el tacto. Nos permite el primer contacto con el mundo. Disponemos de múltiples variedades de receptores perfectamente distribuidos y sintonizados, concretamente es en la yema de los dedos y en la boca donde se esconden los secretos del placer.

Una red infinita de nervios sensoriales hacen de los dedos una de las partes del cuerpo dotadas de la mayor sensibilidad, podríamos reconocer objetos tan sólo con tocarlos. Existe la posibilidad de leer a través de las yemas de los dedos, las palabras más complejas y en cualquier lengua. Sin necesidad de ver, el cerebro puede interpretar todo aquello que estemos tocando.

Las yemas de los dedos encierran una magia silenciosa, que muchas veces pasa desapercibida. Si pudiéramos hablar de “la mente de la piel” se hallaría sin duda alguna aquí, entre el entramado de receptores sensoriales encargados de recoger sutilmente los estímulos.
Los dedos son un punto esencial a la hora de conocer a otra persona, el tacto de la piel ajena es el principio de un cúmulo de sensaciones básicas. Un simple roce basta para hacer vibrar a alguien, un viaje sin ningún tipo de limitación a través de los sentidos.
Las mujeres y los dedos
Sucede en determinadas ocasiones que nos olvidamos de esta gran capacidad, pasando por alto una parte fundamental en las relaciones de pareja. El juego previo, ese gran olvidado que para los hombres quizás no es tan importante y sin embargo resulta esencial en las mujeres.

Tan sólo uno de los diez dedos de los que disponemos puede ser el causante del placer más intenso y duradero, bien utilizado y con sutileza, con calma y paciencia pues cada mujer es un mundo y resulta necesario leerse el libro de instrucciones antes de ponerlo en marcha. No existe la fórmula infalible, pero es relativamente sencillo.

No sólo estimulamos, sino que además percibimos paso a paso el grado de excitación, podemos leer los sentimientos de una mujer a través de los dedos. Sin necesidad de observar, simplemente palpando y dejándonos llevar por el momento. En un ambiente cálido envuelto de tranquilidad, sin prisa pero sin pausa, la exploración es apasionante. Un cuerpo que se estremece, una mente que abandona todo tipo de raciocinio tan sólo con la estimulación de un pequeño punto clave.

El centro erógeno del cuerpo femenino, sin otro propósito que el de dar placer. Aquí se encuentran más terminaciones nerviosas que en cualquier otra zona, desde el más ligero roce hasta una presión en este foco de percepción produce una sensación de inmenso bienestar físico y mental.

Así pues, los secretos ocultos en las yemas de los dedos están aún por descubrir. Cada experiencia resultará novedosa porque existen infinitos caminos para un único fin y porque en cada viaje damos una pequeña parte de nosotros mismos. Las combinaciones son tan extensas que resultaría tremendamente dificultoso intentar enumerarlas.

Cualquier mujer agradecería una visita inesperada y nuestros receptores sensoriales también, es un juego tentador para ambas partes y s