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Los puntos cardinales

El sátrapa Mugabe fábrica las listas electorales

Julio 30, 2013

Las miradas del mundo están puestas en África por distintos motivos. El primero, desde luego, por la crisis egipcia. También por la incertidumbre sobre el estado de salud de Nelson Mandela, recién cumplidos los noventa y cinco años y después de un comienzo de julio en el que parecía que tocaba rendirle el último adiós. Pero Madiba ha descendido en la escaleta del desarrollo de los asuntos informativos y hoy cobra especial relevancia el gobernante en ejercicio más longevo del continente negro. Apenas seis años separan a Mandela de Robert Mugabe, pero entre ambos las diferencias con como la cara y la cruz de una moneda. Porque mientras uno representa la lucha universal por los derechos y las libertades, el presidente de Zimbawe es el último símbolo viviente de una generación de sátrapas sanguinarios a lo largo de la historia africana, alejados por completo de cualquier modelo democrático.

Sátrapa sanguinario

Piensen, por ejemplo, en Idi Amín Dada, en Jean Bedel Bokassa o en nuestro amigo más cercano, Teodoro Obiang N´Guema. Así que me temo que a partir de ahora vamos a volver a hablar bastante de Mugabe, conocidos los antecedentes que le acreditan como uno de los sinvergüenzas con menos escrúpulos que África ha conocido desde la descolonización. Los habitantes de Zimbawe eligen hoy jefe del Estado y nuevo Parlamento con el recuerdo de lo sucedido en 2008, cuando el proceso rodeado de irregularidades acabó con más de doscientos muertos y el candidato a la reelección forzado a aceptar a su principal rival político, <strong>Morgan Tsvangirai, para el cargo de primer ministro. El acuerdo vio la luz casi un año después de los comicios. Presionado por la comunidad internacional, Robert Mugabe accedió a una peculiar forma de cohabitación con Tsvangirai, aunque éste en la práctica diaria no tenía poder ejecutivo de ningún tipo. Tsvangirai concurre como jefe de filas del Movimiento para el Cambio Democrático con un currículum que le avala como la única alternativa de cierta confianza para competir con el poder ilimitado del “Rey León” Mugabe. El casi nonagenario dictador es consciente de ello y por eso no ha tenido ningún reparo en maquillar el censo de un modo escandaloso, casi como si tratase de un milagro. En realidad son sólo seis millones de votantes que apenas representan la realidad demográfica de Zimbawe. Eso sí, muy bien seleccionados. Porque al mismo tiempo que había candidatos del opositor MDC cuyos datos desaparecían misteriosamente, miles de personas que habrían superado el siglo de edad figuran en las listas de electores, todo ello en un país con una esperanza de vida muy corta. La televisión nacional tampoco ha disimulado el entusiasmo con el que ha venido glosando la obra de Robert Mugabe. La sombra de la sospecha está servida y va a ser muy complicado verificar el desarrollo de este proceso porque tanto Tsvangirai como la plana mayor de su partido se han negado a que observadores de la Unión Africana ejerzan de monitores, unas reticencias que resultan muy ilustrativas para calibrar el prestigio del que goza la organización. Suponemos que el recuento será un claro ejercicio de prestidigitación y que Mugabe podrá estar razonablemente tranquilo durante la jornada electoral porque con anterioridad ha movilizado todos los elementos del sistema en su favor.

Tanto seguimiento han tenido las revueltas árabes que nadie parece haber caído en la cuenta de que en la parte subsahariana del continente africano sigue habiendo gobernantes a los que nadie se atreve a desafiar en las calles o en las plazas, indeseables que siguen encargando su carísima ropa y sus zapatos en Londres o en París como cualquier cliente VIP, aunque con las manos manchadas de sangre.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.