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Otras opiniones

El Salobral: ¿Una tragedia anunciada?

Octubre 22, 2012

Esta es la tercera carta que le escribo. Las dos anteriores las he arrugado con ira y las he tirado a la basura. Una por mala y otra porque creo me excedía en la dureza del tono utilizado. Y le confieso que me produce una frustración inmensa y cierta furia tener que volver a empezar una y otra vez.
 
Mientras escribía esas líneas que usted nunca leerá, me han ido llegando noticias del suceso ocurrido en El Salobral, pedanía de Albacete. Ahora es fácil afirmar que el drama se venía venir, pero a mi me da en la nariz que había un caldo de cultivo donde se estaba mascando la tragedia. Hasta donde llega mi información, Juan Carlos Alfaro, que así se llama el presunto asesino, de 39 años, se enamoró en fecha desconocida para mí, de Almudena, una menor de 13 años, que le correspondió. La familia no es de esas ejemplares, pero aún así, su madre, Adela, que no ha sido bien tratada por la vida, intentó hablar con su hija y explicarle que aquello no era natural, que debía disfrutar de la vida, que era joven, y que en caso de enamorarse debía enloquecer de amor por alguien de edad similar a la suya. Vamos, lo que hubiera hecho cualquier madre.
 
La adolescencia es un virus contra el que no hay tratamiento. La chica no quiso escuchar a la persona que más la quería y que más se preocupaba por ella, su madre. Así que ésta se fue a hablar con Juan Carlos y a tratar de razonar con él. Para su sorpresa, se encontró a otro adolescente que, aunque sacaba 26 años a su hija, no entraba en razón. La amaba, quería vivir con ella y además a él una mujer no le daba órdenes ni le prohibía nada.
 
Primeras denuncias
 
El 1 de febrero de 2012, Adela, la madre de la niña denunció que su hija, a pesar de los consejos y advertencias que le había hecho a ella y a su novio, mantenía una relación con Juan Carlos. Por entonces, debió averiguar que eso no era delito. Incluso debieron contarle que hasta los 18 años no se puede votar ni aprender a conducir pero que desde los 13, desde el punto de vista jurídico, es decir según el Código Penal, se pueden mantener relaciones sexuales siempre que sean consentidas. Si es así, no constituye delito.
 
La denuncia, lejos de apaciguar la situación la enquistó. El 10 de julio de 2012, Adela acudió a la Policía a contar que tenía miedo a que su hija se fuera de casa junto a Juan Carlos. Éste recibió una llamada de los agentes preguntándole por la situación lo que le enfureció aún más. No se si fue el miedo o que ya lo tenía previsto, pero se fue del pueblo durante un mes más o menos a realizar un curso de supervivencia. Porque el tal Juan Carlos no tenía trabajo conocido. Su única pasión era la caza y las armas. Contaba con licencia, es decir ¡¡había pasado el test psicotécnico!! y dos rifles, calibre 307 y 308, y una pistola nueve milímetros parabellum, igualita a la que usaban los terroristas de ETA.
 
A finales del mes de agosto regresó a Albacete. Y volvió a las andadas. Adela, la madre, se lo encontró en una panadería y como las buenas palabras no surtían efecto lo amenazó de muerte. Al menos eso es lo que él contó en la denuncia que presentó el 31 de agosto en la Comisaría de Policía Nacional de Albacete. No fue la única vez que acusó a Adela. El 16 de noviembre aseguró que su coche presentaba daños y que había sido la madre de su novia, Almudena, quien se los había hecho.
 
Este sábado cargado de munición, uno de sus rifles y su pistola asesinó a la menor de 13 años, a otro vecino del pueblo de 40 años que había salido a fumar un cigarrillo a la puerta de su casa e hirió a una tercera persona en el hombro. A continuación llamó a la Guardia Civil para confesar lo que había hecho.
 
“No me pienso entregar”
 
Los agentes estupefactos no tardaron en comprobar la veracidad de sus palabras. Y como no lo encontraban, lo llamaron por teléfono para indicarle que lo mejor era que les dijera su paradero y les acompañara al cuartelillo. La respuesta que recibieron los dejó atónitos: “¡¡No me pienso entregar!!”
 
El crimen no se puede analizar desde la racionalidad. ¿Qué le pasó por la cabeza a este hombre para tomar la decisión de matar a la adolescente que tanto amaba? ¿Acaso ella había entrado en razón y le había dicho que se olvidara de ella? ¿Pensó si no eres mía no eres de nadie? Son respuestas que tendrán que encontrar los investigadores, pero antes deberán localizarle a él, que se ha fugado.
 
Juan Carlos Alfaro es un Rambo español. Le gustan las armas, la supervivencia, conoce su entorno y va armado hasta los dientes. Puede que le falte comida, pero no munición. La Guardia Civil, a la hora de escribir estas líneas, lo busca sin descanso, enfundados en chalecos antibala, porque ¿quién dice que no seguirá matando? En su frenesí sanguinario ya le da lo mismo 8 que 80. ¿O se habrá quitado la vida?
 
Le confieso que casi prefiero la última opción porque no volverá a hacer daño a nadie más. Pero mientras se resuelve este extremo, me seguiré preguntando si había alguna forma de haberlo evitado, si el Estado no tiene más armas para enfrentarse a estas situaciones, si dan una licencia de armas a cualquiera, si la educación que damos a nuestros hijos funciona como prevención primaria, si la raíz de la responsabilidad está en la dejadez a la hora de educar a nuestros hijos.
 
Nacho Abad