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Los puntos cardinales

El Sahel se convierte en el Afganistán de la Unión Europea

Diciembre 4, 2012

Les recomiendo que, si el tiempo y las ganas se lo permiten, consulten en un atlas el mapa de África. Una vez situados en el enorme continente, dibujen mentalmente una franja de territorio que comprende desde el litoral mauritano, en el Atlántico, hasta el Cuerno de Somalia, en el Índico. Se trata de países limítrofes en los que la proliferación de milicias islamistas radicales es un problema demasiado serio. Son grupos que se han sabido aprovechar de la permeabilidad de las fronteras, casi inexistentes, lo que les permite moverse a capricho y que, además, han esquilmado los excedentes del auténtico bazar de armas en liquidación en el que acabó convirtiéndose Libia tras la guerra y el derrocamiento de Muammar El Gadafi.

Pondremos hoy el acento en el Sahel, en general, y en Mali, en particular. Respecto del Sahel, los servicios de inteligencia occidentales hablan ya sin tapujos de que se está convirtiendo con preocupante rapidez en el Afganistán de la Unión Europea, por su proximidad y por las amenazas directas que se ciernen sobre ciudadanos e intereses de países comunitarios. En el caso de los cooperantes europeos que han sido secuestrados, en los primeros casos una fuerza de apenas ochenta militares bien preparados era suficiente para conseguir ponerles a salvo. Ahora, por esa multiplicación de bandas armadas, se requiere un despliegue de alrededor de seis mil efectivos para poder poner en marcha cualquier operación de liberación de rehenes.

Radicalización del territorio

El caso de Mali es el que mejor ilustra lo que está ocurriendo en esa parte del mundo, con grupos como Al Qaida en el Magreb Islámico cuyo liderazgo, indiscutible hasta hace sólo unos meses, se ha visto superado por el denominado Movimiento para la Unidad de la Yihad en África Occidental. El MUYAO no acepta moderados en sus territorios y si los hay, los expulsa, como ha sido el caso de las tribus tuareg que se encontraban en su zona. Es, por tanto, una amenaza radical seria, un auténtico desafío para cualquier interés europeo. Para eliminarla, el Gobierno de París ha querido hacer valer su influencia en un área de predominio francófono planteando el envío de una fuerza militar multinacional. Desde el punto de vista político y diplomático, incluso el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, ha pedido al Elíseo que pise el freno y se replantee la conveniencia de la opción militar. La comunidad de inteligencia, mayoritariamente integrada por los servicios franceses, americanos y españoles, desaconseja cualquier aventura en ese sentido, aunque en las cancillerías occidentales se tiene plena conciencia de que la normalización de Mali y del resto del Sahel pasa porque Francia o Estados Unidos lideren la iniciativa que finalmente se ponga en marcha. El próximo mes de enero comenzará la primera etapa de la movilización de tropas de naciones vecinas como Nigeria, Burkina Faso o Níger, a las que se uniría posteriormente el grueso del reconstruido ejército de Mali. Pese a las reservas del máximo responsable de la ONU, más tarde o más temprano la operación internacional acabará siendo un hecho. En cuanto los primeros soldados franceses desciendan de sus aviones y se escuchen los primeros disparos habrá que pensar cuánto se prolonga ese combate contra un enemigo cuyo conocimiento de las tácticas de guerrilla en el desierto le convierte en un escurridizo y letal fantasma invisible. Más o menos como sus admirados muyahidines de Afganistán.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.