Menú Portada
Otras opiniones

El Rey en su laberinto: la derecha le pone dogal, la izquierda le desprecia y Letizia quiere ser de verdad. ¿Vuelve Mario a Palacio?

Febrero 18, 2010

Yo comprendo la inquietud de un Jefe de Estado que quiere pasar a la Historia como el restaurador de las libertades, el Monarca que siempre aspiró a que bajo cuya Corona la prosperidad era valor de Ley y, además, donde los pobres tendrían su manduca asegurada.
Pues bien, amigos, Don Juan Carlos enfila la recta final de su largo reinado y también de su vida con un panorama que nunca quiso querer otear: España en ruina económica y moral; un país deshilachado y en grave riesgo de permanencia; una clase política y económica ahogándose en el detritus de su egoísmo y mediocridad, pero, sobre todo, el Rey de una inmensa legión de parados, de parias desesperados y de millones de familias que apenas tiene un mendrugo que llevarse a la boca si Caritas no existiera.
Comprendo que a un Rey que ha tenido que ganarse -después del dedo de Francisco Franco-, el puesto a pulso día a día, con esfuerzos y desazón, le inquiete el marasmo que sufre el país que representa desde Finisterre al Cabo de Gata. Comprendo que quiera moverse, convoque a su alrededor a todo bicho viviente, sindicatos incluidos, y hasta comprendería (sic) que su antiguo consejero aúlico, Mario Conde, volviera a pisar las reales alfombras de La Zarzuela.

Borboneando que es juancarlista

La derecha extrema que se pronuncia fundamentalmente a través de una pequeña multimedia, muy agresiva, donde es accionista Miguel Durán, se ha tirado a su yugular porque, dicen, ha intentado salvar el trasero de Zapatero y él cree que no hace otra cosa que cumplir con el mandato constitucional de ser árbitro y moderador en circunstancias extremas. Y es obvio que esta lo es.
Sucede que la derecha no le traga; le desprecia; se lo quiere cargar como los antiguos conservadores hicieron con Alfonso XIII y antes.
La izquierda, of course, aunque respetándole personalmente no puede tragar -no sin cierta razón-, a una
Institución que no tiene fundamental democrático y simplemente esperan a que se conjuren las circunstancias y el viento propicio para darle matarile.
Pero el Rey, y le aplaudo, quiere dejar claro al pueblo -el único que puede poner pegamento a la Corona-, que hace algo, que no sólo se sube a un barco de vela, preside actos sin ningún contenido y de cuando en vez echa una mano ante sus pares del mundo para que a España no le falte gasofa. Quiere demostrar que, detrás de todo el oropel del que está rodeado, tiene presente a todos los parios hispanos. Los únicos que, al fin y a la postre, le pueden salvar de la pira.

Lo de Conde

Agradezco, también en nombre del director de este periódico, el esforzado, inasequible al desaliento, buena gente y romántico Gregorio Fernández, las muestras de apoyo a mi artículo anterior sobre el Grupo Intereconomía y Mario Conde Conde, conde de Meco.
Tiene todo el derecho a rehabilitarse, ya ha pasado 9 años en la trena, pero no lo estará hasta que no haya devuelto el dinero que robó, según la Justicia. Ya tiene sitio propio en el averno acaudalada del inexcrutable Julio Ariza y, dicen las malas lenguas, que pretende recuperar su antigua posición delante del Borbón.
¡Tampoco me extrañaría! Pero nunca se lo perdonaríamos a Don Juan Carlos después de que a su alrededor (Manuel Prado y otros), se lo llevaran crudo amparados bajo su real capa.

Lo de Letizia, la chica que se cree es de verdad

Si Obama no lo remedia, esta chica -a la que no conozco personalmente pero entendí que podía ser un brizna de aire fresco en los cargados rancios salones-, no se ha dado cuenta de que una cosa es ir de roji/verdeprogre o verdiprogre/roja, de los ex de TVE o de amiga del travestido (sólo ideológicamente, of course), Alex Grijelmo, y otra bien distinta pretender representar a un pueblo tan complejo como el español.
Ahora resulta que nos ha salido otra salvadora.
Mamá, ¿tú en qué trabajas?, pregunta la Infanta Leonor.
Yo, por España.
Vale, Señora, quite ya el cartel. ¡Eran pocos y parió Letizia! ¡Paso a otra redentora asturiana!
Lo que admiro de Don Juan Carlos, oiga, es su persistencia y aguante. ¡Chapeau!
Ahora bien, incluso en los videos de la BBC sobre el fin de la Monarquía en 1933, se refleja que el hambre es el más letal enemigo de la Institución.
Y la hambruna empieza a cuajar por todas las Españas. Qué grito aquel:
Juan Carlos, escucha, España está en la lucha!

Graciano Palomo es periodista, analista político y editor de Ibercampus.es