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El mayordomo

El Retrato del Perfecto Caballero

Junio 5, 2011

Ese aire de seguridad, unos modales exquisitos y un atuendo donde prime la elegancia sobre la firma, son el marco de la foto de nuestro perfecto caballero


Qué duda cabe que el perfecto caballero es aquel cuya elegancia interior convierte en algo insignificante su aspecto exterior. Sin embargo, la elegancia interior se antoja muy difícil de ser enjuiciada bajo unos parámetros más o menos objetivos como sí, por el contrario, se puede hacer con la exterior. 

Para encontrar a ese perfecto caballero debemos asegurarnos de que estas dos facetas se den cita en una misma persona. No obstante, por el motivo anteriormente nombrado, nosotros solo prestaremos aquí atención a aquella elegancia que surge como resultado de la unión de la persona y una determinada elección de ropa. 

Nuestro perfecto caballero contará con un muestrario de zapatos lo suficientemente amplio como para poder afrontar las más variadas situaciones y acompañar con éxito cualquier conjunto con elegancia y estilo. Este caballero será consciente de que por la noche solo puede vestir zapatos negros y que con el esmoquin no es otro tipo de zapato sino las opera pumps el calzado más idóneo. 

No le importará que le miren por vestir un traje cruzado ni tampoco por hacerlo con un diplomático marrón. Sabrá de la importancia que supone diferenciarse de la masa aborregada que puebla las calles de las principales urbes y no le importará que se le considere un bicho raro por salirse de lo establecido como correcto por el establishment del lugar. 

Se le escapará una sonrisa educada cuando presencie una conversación donde mientras un caballero mantiene que el único color admisible de calcetines para vestir con traje es el negro otro caballero le contradiga afirmando que los calcetines hay que hacerlos coincidir con el color de los zapatos. Por el contrario, nuestro caballero desoirá a estos y si bien en la mayoría de las ocasiones escogerá los calcetines del mismo color que el traje, otras disfrutará del impacto visual que proporciona el combinar los calcetines con, por ejemplo, el color de la corbata. 

Será un perfecto conocedor de su físico y sabrá qué corte de ropa es el que más le beneficia. Por ello, no se dejará arrastrar por el marketing de las casas de moda y solo confiará sus trajes a su sastre de confianza. 

Tan conocedor será de la hechura más adecuada para su físico como de esos colores que más resaltan sus virtudes naturales. Igualmente, también sabrá esconder tras su ropa la parte de su físico de la que se sienta menos orgulloso. 

No le encontraremos en medio de la ciudad acompañando a su traje de una camisa a cuadros y reservará éstas para su lugar de descanso del fin de semana. Por el contrario, en la ciudad sólo combinará sus corbatas con camisas lisas o a líneas. 

Examinará su rostro para saber con certeza qué tipo de cuello es el que mejor combina con el contorno de su rostro. Si posee un rostro ancho escogerá cuellos estrechos y de puntas largas y si, por el contrario, cuenta con un cuello alargado su camisa tendrá un cuello de puntas largas y solapas anchas. 

Las corbatas de lana las guardará solo para las épocas de invierno y las vestirá alejado de la gran ciudad. Los motivos náuticos o de caza solo le acompañarán en el club deportivo de vela o en su finca de caza. 

Sabrá que una de las cosas que diferencian a un caballero de un opositor a serlo, es un buen abrigo largo cruzado. Por ello, al acudir a la opera éste le acompañará y de ir al cine lo hará con uno algo más corto tipo Covert. Solo cuando salga a pasear en su Harley Davidson se valdrá de alguna de las chaquetas de moda del momento. 

Estará por encima de las modas que vienen y van y sus amistades al recordarle siempre evocaran la imagen de un hombre con un estilo sobrio, elegante y con personalidad. Y será concretamente su marcada personalidad la que hará que no vista una chaqueta, ya sea formal o de sport, sin un bien combinado pañuelo de bolsillo. 

Si tiene por costumbre vestir sombrero no sentirá vergüenza alguna por hacerlo; como tampoco la sentirá al descubrirse ante una dama. 

Si su comportamiento y su atuendo lo distinguirán en su día a día, será en las ocasiones más formales, cuando un frac, un chaqué o un esmoquin estén presentes, cuando salga al exterior todo el poso y la elegancia que durante su niñez y adolescencia adquirió. 

No hará ostentación ni de su estatus social ni de su posición económica. Por ello, no mostrará de forma visible ni grandes logos ni iniciales de marca alguna; por famosa y cara que esta sea. 

Él estará muy por encima de todo eso. Por ello, dejará para los futbolistas y demás personajes del new money las maletas de Louis Vuitton donde la presencia de las iniciales invaden toda su piel. Por el contrario, su poco interés por las marcas y su pasión por la belleza hará que no tenga inconveniente en disfrutar en soledad, o acompañado solo de los ojos expertos, de la calidad y discreción de las más exclusivas bolsas de viaje. 

Su gusto por la belleza intemporal y por el máximo refinamiento le obligan a que solo unas pocas casas centenarias tengan el honor de indicarle con cuantos minutos llega de antelación a la sesión inaugural de ópera. Los relojes ostentosos de oro o diamantes o los más modernos de caucho no despertarán en él el mínimo interés como tampoco lo harán aquellos donde un diseño deja claro la marca que se esconde en su dial. Por el contrario, su reloj, mucho más discreto que todos aquellos, contará con el punzón de ginebra y un diseño intemporal que hará que desee que una siguiente generación lo vista con el mismo cariño que él hizo durante tantos años. 

En resumen, el retrato del perfecto caballero mostrará a un señor discreto, elegante, amante de la belleza intemporal y seguidor de la máxima calidad y refinamiento e indiferente a las modas y marcas del momento. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com 

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