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Mensaje en una botella

El que tenga que hablar, que vaya al bar

Febrero 20, 2013

La campaña de promoción del sector hostelero que acaba de hacer el presidente del Congreso de los Diputados vale su precio en oro. Jesús Posada se ha convertido en defensor de una máxima apabullante: “El que tenga que hablar, que vaya al bar”. En esos términos se expresaba el señor Posada cuando tenía la palabra el señor Duran i Lleida, durante la primera jornada del Debate sobre el Estado de la Nación. Ocurría cuando el hemiciclo había quedado despoblado, como ya es costumbre, una vez concluidas las réplicas entre el presidente del Gobierno y el líder de la oposición.

Cuando el presidente del Congreso detectó cuchicheos entre algunos de los escasos asistentes al pleno, soltó su lapidaria sentencia. En ese momento, como si una gran verdad hubiera invadido la sala, se hizo el silencio y Durán i Lleida continuó con su discurso. El portavoz de CIU reanudó su intervención, pero ya nada volvió a ser lo mismo. Desde entonces, algo dio que pensar a sus señorías y a quienes seguíamos atentamente el debate. Y una pregunta flotó en el ambiente: ¿para qué está el bar del Congreso?

Si el bar de la Cámara Baja tiene como finalidad la de servir de escenario para que los diputados hablen, ¿de qué hablan en el hemiciclo? ¿Acaso guardan lo mejor para la barra, entre cañas y aceitunas? ¿Quizá el mejor debate es el que no vemos por la tele ni oímos por la Radio? ¿Tal vez sus señorías callan en público una parte de lo que despachan en privado, frente a un tinto y una de bravas?

La Ley Seca

España siempre ha sido un refugio inexpugnable para los bares. En nuestro país hay un bar o un restaurante por cada 461 habitantes, según los datos del Anuario Económico de España 2009 de La Caixa. En cifras absolutas, las comunidades en las que hay más bares y restaurantes son Andalucía, Cataluña y Madrid. El Congreso de los Diputados, por tanto, no sólo está en la media: se encuentra en la Milla de Oro de los bares nacionales. Que no nos falte nunca un bar en el que poder hablar.

Es seguro que unos cuantos de esos bares y restaurante habrán cerrado sus puertas obligados por la crisis económica que padecemos. Pero también es seguro que los que mantienen abiertas las puertas siguen siendo un lugar perfecto para poder hablar. No reneguemos de esa costumbre española tan antigua que consiste en arreglar el mundo al salir de la oficina. Ahora se llama after work, pero es lo mismo que tomar algo al salir del trabajo.

Según los datos de la marca cervecera Heineken, diez millones de españoles quedan al menos una vez al año con sus compañeros de trabajo para tomar algo después de la jornada laboral. Nada dice el estudio sobre ir al bar durante el trabajo. Y nada dice sobre ir al bar en pleno Debate sobre el Estado de la Nación, que es la cita parlamentaria más importante del curso político para nuestros diputados. Sí, nuestros diputados: son nuestros porque somos nosotros quienes los elegimos con nuestro voto y quienes les encargamos que trabajen a cargo de nuestros impuestos.

Implantar la Ley Seca en el bar del Congreso no tiene futuro. Pero tampoco lo tiene descubrir que el bar de la Cámara Baja se convierta en un gallinero cuando algunos diputados intentan presentar sus propuestas para que este país funcione mejor. Las ideas de un grupo político no tienen que gustar a los integrantes de los demás grupos, pero merecen ser escuchadas con respeto. Tal vez así, sus señorías recuperen parte del crédito que reconocen haber perdido. Un hemiciclo vacío y un bar lleno están muy bien. Pero están muy bien para los días en los que no hay pleno y siempre que el bar no sea el del Congreso.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero