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Otras opiniones

El poder corrupto

Diciembre 8, 2009

Lord Acton fue el responsable de la célebre frase: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Qué razón tenía.
Los abogados lo tenemos muy presente cuando nos enfrentamos cada día a resoluciones injustas, dilaciones indebidas, jueces que no reciben a los abogados pero sí a los periodistas que les encumbran en sus páginas, jueces que nos maltratan, fiscales ineptos que no aparecen por los juzgados…
La Justicia en nuestro país no será independiente mientras que no se juzgue a los jueces por un Jurado Popular y los miembros del TS, TC, CGPJ y del Ministerio Fiscal sean controlados por el poder político.
Si los jueces metieran en la cárcel a los políticos ladrones  y a los jueces corruptos se quedaran sin nada nuestro país cambiaría a mejor. Sin embargo, la corrupción jamás desaparecerá mientras a sus autores no les pase nada y gocen de esa impunidad que ha convertido España en una gran cantera de sinvergüenzas.

Los juicios políticos

De otro lado, nos encontramos con que en los llamados juicios políticos los jueces hacen lo que les da la gana con el aparente beneplácito de las Instituciones del Poder Judicial. Así nos encontramos con procesos políticos instruidos por jueces mediáticos que consienten espiar impunemente a los propios abogados e intervenir ilegalmente las comunicaciones entre aquellos y sus clientes.
Nadie se atreve a hacer nada y el más valiente no pierde el tiempo con querellas por prevaricación que son archivadas de plano por esas manos negras cómplices del desatino. ¿Cuántos jueces han sido condenados por prevaricación en la Historia de España? Se cuentan con los dedos de una mano y la única sanción que se les impone por arruinar vidas ajenas es un tiempo sin trabajar.
Mientras que a los jueces los juzguen sus compañeros no hay nada que hacer. Felipe González propuso una modificación de Ley que nunca se llevó a cabo y que pretendía, acertadamente, que los jueces fueran juzgados por el pueblo llano a través de la constitución de unos jurados populares.

Juececillos con sed de poder

Michael Focault explicó claramente como la Revolución Francesa fue en realidad una revolución contra los jueces que favorecían a los poderosos. Estoy harta de que los abogados tengamos que “hacer la pelota” reverencialmente a estos juececillos con sed de poder que nos hacen sentir que la Justicia se suplica en vez de exigirse. Y es que por desgracia el poder se nutre de víctimas que imploran justicia de rodillas ante enfermos de soberbia.
Ese sentimiento de tener que doblegarte cada día y casi tener que pedir perdón por ejercer el derecho de defensa que asiste a los ciudadanos hace que en muchas ocasiones tenga ganas de tirar la toga por la ventana. Los jueces no son superiores ni intocables y ya está bien de tenerlos miedo y sentir que nuestro deber es dejar que nos humillen como si fuésemos prostitutas jurídicas.
La Democracia tendría que servir para controlar a los poderosos desde unas instituciones que funcionasen como Dios manda y el Estado de Derecho debe compensar los daños que una defectuosa y arbitraria administración de Justicia irroga a los ciudadanos.
El problema de la Justicia es denominarla así porque la gente corriente la asocia con una utopía inexistente equivalente a la Justicia Divina que no deja de ser la justicia del sentido común que nadie aplica. Creo que lo primero que hay que hacer con la Administración de Justicia es cambiarla el nombre por alguno como “Administración de procedimientos” o “Administración de contiendas”.
Pleitos tengas y los ganes.

Teresa Bueyes