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Otras opiniones

El plato más afrodisiaco

Mayo 9, 2010

El plato más afrodisíaco no es otro que la otra persona. Esa persona con la que uno sueña cada hora, cada minuto y cada segundo del día; aunque realmente cuando se trata de amar no existe tal magnitud. No hay cabida para el tiempo en esta historia.

Probablemente para dos amantes un desierto sin agua no sería mayor preocupación, pues uno bebería de la saliva del otro. Ni los polos de la tierra motivo de frío, pues uno se sustentaría con el calor del otro. ¿Y qué pasaría si el hambre aflora en su interior? ¿Acaso no es uno el alimento del otro…?

Cuando los amantes unen sus cuerpos y entregan su vida en un instante, dejándose poseer por la dicha más sustanciosa, cuando comparten su néctar en una relación magnífica de equilibrio, en la cual la demanda se iguala a la oferta de ese cariño insustituible que emana de ambos, ahí es cuando aparentemente se desvanece el deseo, llega la calma, la saciedad…pero es sólo eso, un espejismo. El deseo es infinito, el nunca acabar. Instantes después de soñar abrazados, recuperando el aliento, es sólo cuestión de mirarse a los ojos y el deseo nace una y otra vez. Llega a su cumbre para volver a caer. Es un círculo vicioso, pero un círculo maravilloso.
 
El plato más afrodisíaco se sirve caliente, se sirve en frío. Nunca es suficiente, siempre sabe a poco. Se toma con ansia, o se toma con calma. El espacio al igual que el tiempo deja de existir, tan sólo porque esta receta no entiende. No entiende el donde y el cuándo, sólo el con quién. Y se echa de menos cuando no se tiene, se echa de menos incluso cuando se tiene enfrente. Cuando se toca, cuando se huele.

Cuando se mira y se escucha. Los sentidos aman tanto como la propia persona. Su olor…su piel…su encanto. Todo en lo que uno piensa, lo que abarca en su mente es esa persona. Su plato, su agua, “the first, the last, my… everything”. Parece mentira que toda una vida pueda estar encadenada a alguien. Eslabones inseparables, unidos por el más fuerte de los metales.

La vida da cada día una vuelta. La vida te regala una vez…quién sabe si sea la única o la primera de muchas, la posibilidad de alcanzar un tren. Puede que pasen muchos, que incluso sean infinitamente más cómodos y apacibles, pero sólo uno de ellos llegará al destino esperado.

Y pasaran otoños… y primaveras, crecerán sueños, caerán enfrentamientos. Llegarán veranos, llegarán inviernos, y con ellos tiempos de deseo insaciable o la propia ternura tranquila. Sin embargo el amor y el afecto de los amantes crecerá en su seno como la rosa más roja. Y tendrá espinas, pero cada una de las veces que uno perfore su piel con una de ellas, el otro estará ahí para curar su herida.

Sí en cada una de esas vueltas que da la vida cada día, se llega a tener al lado la más sutil de las recetas, la mayor de las suertes, el mejor de los destinos, el más placentero sueño, el más bello de los caminos… se habrá encontrado el mejor de los momentos para decir “te quiero”, tendrá uno frente a sí mismo, casi sin darse cuenta…el plato más afrodisíaco.