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Otras opiniones

El perfume imaginario

Julio 12, 2011

Muchas veces la mente nos juega malas pasadas, es capaz de crearnos un personaje ficticio y encaminarnos casi a la locura, la obsesión, el deseo que es más poderoso que la razón; cuando a pesar de gozar del sentido de la vista, no podemos ver. Tan sólo sentir. ¿Y cómo sienten las personas que aparentemente no pueden ver? El tacto, el oído, el gusto, el…olfato. Es ahí donde quiero centrar la historia, al menos por hoy.
 
¿Es posible imaginar el olor de una persona a la que jamás hemos tenido enfrente o no lo suficientemente cerca como para deleitarnos con su aroma?

 

Alguien al otro lado

Vivimos en una época de tecnologías, nuestras relaciones cada vez están más presentes en la red. En esta red virtual que llamamos Internet. Resulta que cualquier día, en cualquier momento, la pantalla se enciende y en aquel espacio en blanco en el que deberíamos escribir nosotros, aparecen letras, que se van convirtiendo en frases, párrafos. No hay duda que hay una persona al otro lado, también pudiera ser un virus, pero es algo mucho menos probable a la vez que desagradable.
 
Y no es la primera vez que aquella persona escribe mientras leo atentamente; ni la segunda, ni… Han pasado días, semanas, meses. Hay alguien al otro lado, sólo tengo una foto para imaginar. Pero no llama mi atención, estoy centrada en las letras unidas una por una, que logran conquistar una parte de mí. Puedo cerrar los ojos y casi sin darme cuenta he creado un olor y ahora no puedo apartarlo.
 
Me martiriza, quizás porque lo desconozco. He inventado un perfume que me embriaga e ingenuamente pienso que emana de la persona que me escribe. No tiene comparación con nada, no se asemeja al azahar, es infinitamente más dulce. Tiene más intensidad que el pachuli y sin embargo dura menos.
 
Viene y se esfuma. Pequeñas ráfagas de pasión que juegan con la realidad. La silla que me sujeta es tan incómoda que al moverme percibo el deslizar de uno de los tirantes de mi camiseta a través del hombro. Interminable paseo por la piel.
 
Existen momentos de lucidez: sé que es una fantasía, pero se torna obsesión. Mi cuerpo es capaz de estremecerse, es ese perfume inventado más real que las paredes que me rodean. La soledad, el silencio son el cocktail perfecto. Una ola de calor azota mi cuerpo de forma repentina. Embriagada por el dulzor que percibo me entrego a los deseos de mi cuerpo, las manos pasean por cada uno de mis rincones a los que se que soy capaz de llegar.
 
No me importa perder la cabeza por esta obsesión, voy marcando mis pasos, pero llega un momento en el cual ya no soy dueña de mí, es cuestión de segundos, y ese olor, maldito olor, q