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Mensaje en una botella

El Pequeño Nicolás y el Siglo de Oro de la corrupción

Noviembre 26, 2014

La historia de España está plagada de pícaros. El Lazarillo de Tormes, El Buscón don Pablos o Rinconete y Cortadillo son al Siglo de Oro de la literatura española, lo que el Pequeño Nicolás es al Siglo de Oro de la corrupción nacional. El Pequeño Nicolás, que prefiere ser llamado Fran porque detesta el sobrenombre del que será difícil que se libre; es la encarnación del pícaro, del pillo, del listo que consigue llegar adonde pretende a base de su ingenio.

Los pícaros españoles han recibido históricamente el aplauso general y han gozado de la admiración pública. Es muy español eso de proclamar “¡Qué tío más grande!” al referirse a quien consigue burlar a la autoridad o adentrarse hasta lo más elevado de los estamentos oficiales para codearse con los poderosos. Llegar a las más altas instituciones del Estado y granjearse el trato de quienes ostentan el poder es algo meritorio, especialmente si no les conoces de nada.

Tener cara, echarle morro o ser un jeta es algo que siempre ha estado bien visto. O, cuando menos, ha estado visto con cierta simpatía. Al que tiene cara, le echa morro o es un jeta, se le perdona con benevolencia. Porque, en el fondo, todos querríamos serlo. Por eso estoy en condiciones de afirmar que, en el fondo, todos somos el Pequeño Nicolás.

Soy un truhán, soy un señor

El cantante español más universal proclama: “Y es que yo / amo la vida y amor el amor, / soy un truhán, soy un señor / y casi fiel en el amor”. Y todos sonreímos al escuchar a Julio Iglesias, ¡uuueah! Este hit fue publicado en un disco del año 1978 titulado A mis 33 años. El Pequeño Nicolás saca 13 años de ventaja a Julio, ¡uuueah! De ser un truhán a ser un señor, sólo hay un paso. O una canción, ¡uuueah!

Esa admiración hacia el truhán se plasma en el personaje que nos ocupa, que se ha convertido ya en un referente para los más jóvenes. Basta con echar un vistazo a las redes sociales para comprobar que la juventud baila al ritmo de este personaje, definido habitualmente como “fenómeno” o “crack”. Los veinteañeros ya no quieren ir a Gran Hermano: prefieren ir a sitios interesantes y conocer gente, como el Pequeño Nicolás. No está nada mal eso de haberte codeado con empresarios, con personajes de la vida social, con el rey de España o con un ex presidente del Gobierno al que llamas Jose (pronúnciese con acento en la o).

Es todo tan torrentiano, que no sería de extrañar que Santiago Segura acabara rodando la sexta entrega de su aclamada saga estableciendo un vínculo entre el expolicía y el pícaro. Título provisional: Torrente 6, Operación Little Nicolas. El propio Segura sabe bien lo que es buscarse la vida, porque la primera película de Torrente fue financiada con el dinero que había conseguido en varios concursos de televisión a los que se había presentado.

El fichaje de Fernando Alonso

El Siglo de Oro de la corrupción española, en el que indiscutiblemente estamos viviendo, dejará para el recuerdo a personajes que se lo llevan calentito sin escrúpulos. Pero a ese elenco hay que sumar ahora a Little Nicolas, un joven menos nocivo que se mueve  entre la picaresca palpable y los sueños intangibles. Su desparpajo es casi tan grande como su imaginación. Sus pruebas documentales son casi tan abundantes como sus sueños de grandeza.

Cuánto tiempo hemos perdido. Cuántas gestiones podría haber hecho ya el Pequeño Nicolás. Pero mejor pensemos en todas las personas a las que puede ir a ver por el bien de Espññña. ¿Por qué no va a ver a Mario Draghi para que el presidente del Banco Central Europeo compre deuda soberana? ¿Por qué no va a ver a Artur Mas para que el president deje de estar tan soberano… o soberanista? ¿Por qué no va a ver a Messi para asegurarnos de que se queda en el fútbol español y podemos disfrutar de su juego? Y, sobre todo, ¿por qué no va a ver al Don Juan Carlos para que el rey padre se incorpore a un programa de deportes y, aprovechando que tiene buenas fuentes, pueda dar primicias como la del fichaje de Fernando Alonso por McLaren?

Cuántos disgustos podíamos habernos ahorrado si Little Nicolas se hubiera ocupado de los principales asuntos de Estado. Este joven puede encontrar acomodo en cualquier Gobierno que se precie. Mariano Rajoy está a tiempo: ahora tiene un hueco en su equipo.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero