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Mensaje en una botella

El Pequeño Nicolás y el caballo de Troya

Septiembre 16, 2015

Las elecciones generales del 15 de junio de 1977 sirvieron para elegir a los primeros senadores de la Democracia contemporánea. La Cámara Alta lleva desde entonces cumpliendo su cometido en nuestro sistema parlamentario. Pero, casi desde el primer día, está en la picota. Las dudas sobre la utilidad del Senado han ido creciendo durante sus 38 años existencia, hasta desembocar en una de los razonamientos más comunes entre los cargos públicos: “El Senado sirve para poco y habría que cambiarlo para que fuera verdaderamente útil”. Pero hay otro razonamiento que no se anda por las ramas, que es la de los votantes: “El Senado no sirve para nada”.

Llevado por un irrefrenable y desinteresado sentido del servicio público, el Pequeño Nicolás ha tomado una decisión histórica que ha resumido en esta proclama: “Quiero ser senador para cerrar el Senado”. Francisco Nicolás Gómez Iglesias pone voz a la idea de los votantes: “Yo sólo creo en lo que funciona y el Senado no funciona”. No hay duda de que su diagnóstico, certero o no, es concluyente: el Senado es un paquete del que hay que librarse porque es inútil y encima nos cuesta dinero a los contribuyentes.

El apoyo del pueblo

Francisco Nicolás se propone presentarse a las elecciones generales al frente de un partido que hará campaña por medio de las redes sociales y de las entrevistas personales de su candidato a senador por la circunscripción de Madrid. El Pequeño Nicolás está convencido de que puede conseguir el apoyo del pueblo para entrar en el Senado, condición sine qua non para conseguir su objetivo de suprimir la Cámara Alta. ¿Podrá un solo senador vencer a los demás? ¿Podrá uno con todos?

Ulises ya lo hizo. Los griegos llevaban diez años asediando Troya, pero no lograban conquistar la ciudad. El ingenioso Odiseo, al que conocemos también como Ulises, urdió el plan de construir un caballo de madera. Los griegos hicieron creer a los troyanos que abandonaban el asedio y emprendían el regreso a casa. Los troyanos, al inspeccionar el terreno para asegurarse de la retirada griega, encontraron el caballo abandonado junto a una dedicatoria: “Este regalo de los griegos es una ofrenda a Atenea para que nos permita volver a salvo a casa”. En señal de respeto a la diosa, los troyanos trasladaron el caballo al templo que habían construido a Atenea en su ciudad.

Al caer la noche, después de que los troyanos hubieran celebrado el final de la guerra, una veintena de guerreros griegos salió del interior del caballo. Se habían ocultado dentro de él y, de esa manera, habían conseguido atravesar las murallas de Troya. Nada más salir del caballo, abrieron las murallas que hasta entonces habían sido infranqueables para ellos. El ejército griego, que había fingido haberse marchado pero que ya estaba esperando fuera, entró en la ciudad y tomó Troya. El final de la guerra fue muy distinto al que los troyanos habían celebrado aquella misma noche.

Una buena idea

El Pequeño Nicolás es el Ulises del siglo XXI, capaz de construir un caballo con el que atravesar las puertas del Senado y lograr la toma del palacio una vez dentro. Igual que Ulises en la guerra de Troya, el Pequeño Nicolás es un hombre solo que ha urdido un plan para entrar al recinto que quiere destruir. Pero, en el caso de nuestro veinteañero contemporáneo, él mismo es el inventor del caballo y el caballo en sí mismo. Titánico esfuerzo para una enorme recompensa.

Francisco Nicolás es ingenioso, aunque es difícil superar al ingenioso Ulises. También posee un caballo, aunque es complicado conseguir que atraviese las murallas del Senado. No seré yo quien dude de que una buena idea es capaz de conseguir el éxito frente a muchas malas ideas. Tampoco seré yo quien ponga en duda que el ingenio de uno es capaz de imponerse a las embestidas de muchos.

Este Ulises del siglo XXI ha logrado algo que no es fácil en la sociedad de la información: destacar. Para bien o para mal, pero ha logrado destacar. Su Destino está escrito. Eurípides supo explicarlo mejor que nadie: “Quien destaca se hace odioso”.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero