Menú Portada
Mensaje en una botella

El paseíllo

Febrero 5, 2014

La infanta Cristina hará el paseíllo este sábado en Palma de Mallorca. Irá en coche, según recomendación del Cuerpo Nacional de Policía; o a pie, si así se lo aconseja su abogado o su conciencia. Después de atarse los machos, la infanta recorrerá los 40 metros que separan el patio de cuadrillas del palco presidencial y así alcanzará la entrada de los juzgados procedente de la calle Alemania. La banda que ameniza el paseíllo suele interpretar música de acompañamiento, aunque se desconoce el repertorio para esta ocasión.

Al alcanzar su punto de destino, la infanta hará el saludo de rigor a los periodistas y será entonces cuando se deshaga la formación de la cuadrilla que la acompaña. En ese momento, quedará a la espera de la salida del primero del festejo. ¿Recibirá al morlaco a porta gayola o preferirá hacerlo sin hincar la rodilla en tierra, aunque sea menos vistoso? Es una incógnita, aunque es naturalmente más arriesgado recibir de rodillas porque la embestida del toro es imprevisible.

La faena puede ser larga, ya que el diestro se enfrenta en solitario a todos los del lote. Podrá, por tanto, exhibir lo mejor de su arte durante el festejo. Estará el respetable especialmente atento a las largas cambiadas o a los desplantes que haga ante su enemigo. Especialmente apreciados serán los desplantes, que son bien recibidos cuando suceden a faenas apreciadas por el público y que son mal acogidos en el caso de pobres faenas con el toro.

Pero los ojos del respetable estarán especialmente atentos a la aproximación del maestro al animal. Para torear y casarse, hay que arrimarse. Esta máxima flotará en el ambiente de la plaza mientras dure la corrida, pues el toreo y el matrimonio son dedicaciones que requieren valor y conocimiento. Si no se conoce al toro, al igual que si no se conoce al cónyuge, el desenlace puede ser fatal.

Vergüenza torera

Saber mandar y estar en su sitio pueden resultar decisivos en la faena que espera a la infanta. Aunque hay algo esencial para un diestro en el festejo: la suerte suprema. La estocada es el lance más difícil y arriesgado. Es el instante que consagra la faena como exitosa o que la conduce al fracaso. Es la hora de la verdad. Saber entrar a matar es un arte. Pinchar en hueso es la perdición. El fantasma del tercer aviso acecha al diestro cuando no puede con su enemigo. Si el maestro también fracasa con el descabello, una vez superada la dificultad con la estocada, ya sabe que la pitada puede ser monumental.

En todo festejo es esencial la figura del presidente. En el de este sábado serán fundamentales las decisiones del juez Castro. Por mucho que el fiscal Horrach esté al quite, será el magistrado quien tenga el pañuelo y ordene el cambio de tercio cuando le parezca oportuno. El palco presidencial es el lugar hacia el que se volverán inevitablemente las miradas del respetable según vaya pasando el tiempo. El acierto o el desatino de un presidente provoca reacciones contundentes del público, que premia con ovación o con bronca las decisiones.

La infanta saldrá de los juzgados de Palma por la misma puerta por la que entrará cuando haga el paseíllo. De su actuación dependerá que salga en hombros. En ese caso, saldrá por la puerta grande. Si recibe algún trofeo, le corresponderá dar la vuelta al ruedo o salir a saludar al respetable. En caso de bronca del respetable, mejor no salir a saludar para evitar las almohadillas. Pero, por encima de todo, conviene tener presente que lo único que el público nunca perdona al diestro es la falta de vergüenza torera. Nunca podemos olvidar la primera máxima de la tauromaquia: Al torero, el valor se le supone.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero