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Mensaje en una botella

El palito para selfis

Enero 7, 2015

La estela de los Reyes Magos acaba de desvanecerse y, con ella, muchos de los recuerdos de la infancia que siempre vuelven por Navidad. Sólo quien es capaz de volver a ser un niño es capaz de seguir emocionándose como en la noche de Reyes. Aún recuerdo que aquélla era la noche del año en la que menos dormía cuando era pequeño. A cambio, la noche siguiente era la noche del año en la que me levantaba más tarde. Normal: el 6 de enero había caído rendido después de pasarme el día entero jugando con los regalos que me habían traído los magos de Oriente.

El programa Un globo, dos globos, tres globos (que emitió TVE entre 1974 y 1979) es uno de los espacios infantiles de aquella época que guardo en mi corazón y en mi memoria a partes iguales. Porque a veces ocurre que el corazón se llena de las emociones que alberga, a la vez que la memoria graba todo eso que está ocurriendo y que llamamos vida. La cabecera de Un globo, dos globos, tres globos incluía una canción cuya letra fue compuesta por la inolvidable Gloria Fuertes. El estribillo decía así: “Un globo, dos globos, tres globos; / la luna es un globo que se me escapó. / Un globo, dos globos, tres globos; / la tierra es un globo donde vivo yo”.

Cuarenta años después del estreno de aquel programa, “la tierra es un selfi donde vivo yo”. Esos tres señores del oro, el incienso y la mirra han añadido este año un cuarto regalo tan inesperado como demandado: el palito para selfis. Sí, amiguitos. El palo para hacer selfis con smartphones y tablets (que también he visto hacer selfis con tablets) ha arrasado este año y se ha convertido en el regalo más pedido a los Reyes

¿Qué será de mí?

Recuerdo que ya en verano empeñé mi palabra y mi honor en hacer selfis sin parar. De noche, de día, en casa, en los bares, cuando suba al coche, cuando un poli me ponga una multa de tráfico, cuando el mismo poli me lleve a comisaría por pasarme de listo, cuando vaya al súper, cuando esté intentando ligarme a una guiri, cuando cruce la calle sin mirar si vienen coches y me arriesgue a ser atropellado… O sea, en todo momento y en todo lugar. No puedo perder la ocasión. Tengo que hacer selfis sin parar. Qué bonita es la vida cuando haces selfis. Los selfis te hacen sentir único e importante.

Pero, ¡ay, mísero de mí; ay, infelice!, yo no pedí a los Reyes un palo para selfis. Lo sé: es inadmisible. Por eso me ha faltado tiempo para salir como alma que lleva el diablo y recorrer todas las tiendas en 50 kilómetros a la redonda. Mas no hay nada que hacer: no queda ni un solo palo para selfis. Estoy acabado. Me han dicho en una de las tiendas que repondrán la mercancía la semana que viene. Pero, ¿qué será de mí hasta entonces? ¿Cómo capturaré esos momentos de la vida sin el palito para selfis? No puedo arriesgarme a seguir haciendo selfis movidas y sin perspectiva.

No puedo rendirme. Tendré que salir adelante como pueda. Mientras trato de seguir con mi penosa existencia, tarareo la canción en su versión 2015: “Un globo, dos globos, tres globos; / la tierra es un selfi donde vivo yo”. Todavía recuerdo que, cuando era niño, soñaba con un palo. Pero no para hacer selfis, sino para experimentar el placer de tener un regalo. Cómo hemos cambiado. Hemos mejorado en calidad de vida. Un momento: voy a corregir la frase anterior que aparece en cursiva. Voy a añadir los signos de interrogación. 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero