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¡Qué fuerte!

El odiador ateo

Abril 19, 2011

Si no se hubiera impedido, mañana hubiera salido a las calles de Madrid una procesión atea de Semana Santa. Una procesión cuyo único objetivo era ridiculizar y burlarse de la religión mayoritaria de España y de la gente que la profesamos y practicamos, mal que le pese a unos cuantos. Con nombres de cofradías ridículos que no merece la pena ni comentar debido a su poca originalidad, pretendían sacar unos pasos a la calle para cachondearse de nosotros.

Cuando la gente no tiene nada mejor que hacer en sus vidas, nada interesante ni productivo, se dedica a este tipo de cosas: a joder al prójimo. Esto es como cuando tienes un “odiador” en tu vida. El que te odia, general y principalmente, es por una envidia malsana que le corroe por dentro. Este odio nunca es indiferente y hace que el “odiador” viva pendiente y no pueda vivir sin ti, para goce del sujeto odiado. Un “odiador” nunca te abandona. Puedes sentirte afortunado si tienes un “odiador” porque eso significa que hay alguien a quién le importas, tú, tu vida, lo que haces y cómo lo haces. Un “odiador” te hace grande y además te ayuda a darte cuenta de las cosas que haces mal y de los errores que cometes para así poder rectificar, con lo cual, nos hace un gran favor y un trabajo gratis. El “odiador” no descansa y nunca te fallará, nunca se olvida de ti y es una persona fiel.

La envidia de querer y no poder

Pues lo mismo suele pasar con este tipo de gente que quería salir a la calle haciendo mofa y burla de una creencia religiosa. Se les da muy bien faltar al respeto e insultar, eso sí que lo saben hacer bien. Debe ser tal el odio que sienten hacia el que sí que cree en algo, que su empeño y lucha es insuperable. Una pena que no empleen esas cualidades y esfuerzo en hacer cosas productivas y beneficiosas. Esta gente tiene tal envidia al que cree, al que vive la fe con una pasión desbordante,  que tienen que tener una vida tan vacía como el cerebro y sería  más interesante que se dedicaran a disfrutar de lo suyo sin ocuparse de lo de los demás.

Son las consecuencias de llevar una vida sin sentido, la envidia de querer y no poder y la cobardía de enfrentarse al más débil, al que recibe una bofetada y pone la otra mejilla, ya que no hay valor para ponerse delante de una mezquita, por ejemplo, a simular un rezo a la Meca de cachondeo.

La verdad es que este tipo de gente da pena, no el que es ateo, que es respetuoso y cree en lo que no hay que creer, -con lo que al final acaba creyendo en algo, aunque sea en uno mismo que no es poco-, sino el que es ateo, faltón e irrespetuoso, porque no puede soportar que otros tengamos fe y creencias que dan sentido a nuestras vidas. En realidad, al final son ellos los que se han ridiculizado solos y han conseguido que nos riamos de ellos y no al contrario, como era su intención. Con una gran diferencia: como casi todo en esta vida, se trata de una cuestión de respeto y educación que ellos no tienen.

Rosana Güiza

rosanagüiza@extraconfidencial.com