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Los puntos cardinales

El nuevo Egipto tiene que consultar el catálogo turco

Febrero 1, 2011

El cambio en la Tierra de los Faraones es tan enorme y genera tantas incógnitas que los pronósticos sobre el futuro oscilan entre el optimismo racional y el temor a que se instale el mayor califato del mediterráneo. A este respecto, se han llegado a escuchar voces que alertaban de que la revolución pueda acabar convirtiendo a Egipto es un nuevo Pakistán. Sin embargo, y dada la proximidad, bueno sería fijarse en el ejemplo de Turquía como referente, miembro de pleno derecho de la OTAN y sentado en la salita de espera de la Unión Europea.
 
En la revuelta egipcia, el Ejército ha dejado claro que no va a reprimir la voluntad popular, lo que ha servido para apostar sobre seguro el inevitable fin del régimen de Mubarak y sus generales. Si seguimos observando a la moderna Turquía, comprobamos que son las fuerzas armadas las que asumen la tarea constitucional de garantizar el secularismo y la democracia en una república parlamentaria con libertad de culto en la que el noventa y nueve por ciento de los habitantes son musulmanes y donde tanto el jefe del Estado como la mayoría de la Asamblea Nacional pertenecen al partido islamista moderado, Justicia y Desarrollo.
 
Los egipcios, los centenares de miles que siguen en las calles de El Cairo, Alejandría o Suez, representan a todas las capas sociales y religiosas del país. Porque no ha habido en este movimiento ni consignas desde los altavoces de los minaretes ni llamada alguna a la “jihad”. De hecho, la semana pasada, treinta iglesias y mezquitas de la capital instaban a cristianos y musulmanes a unirse a las protestas. 

Los Hermanos Musulmanes, factor clave

Todas las miradas de Occidente, y por supuesto, de Israel, se concentran en los Hermanos Musulmanes, a los que se considera el factor clave en el proceso de transición y en las futuras instituciones. Se establecen exagerados paralelismos alarmistas entre lo que ocurre en las plazas cairotas y lo sucedido en las calles de Teherán en 1979. Pero no hay ninguna similitud porque el elemento islámico que representan los Hermanos se centra últimamente más en asuntos de cooperación y ayuda que políticos, una tarea que en árabe se denomina “dawa” y que en la práctica es una forma de evangelización social.
 
Por ello, con la confianza de que finalmente contemplemos un necesario Islam de rostro amable, sólo resta aferrarse a los hechos. Y estos, hasta ahora, demuestran que lo sucedido en Túnez y Egipto certifica la defunción de los imperios coloniales francés y británico. Lo curioso es que a las dos antiguas metrópolis les hayan cogido ambas revoluciones con el pie cambiado.
 

Ángel Gonzalo, redactor jefe Internacional de Onda Cero