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Los puntos cardinales

El mormón, el evangelista, la Biblia y la calculadora

Enero 24, 2012

Los jubilados, los cubanos que sueñan con un cambio en la isla de sus padres y los influyentes judíos son los objetivos hacia los que se va a volcar el mensaje de Mitt Romney y Newt Gingrich en los próximos días. Ambos saben de la importancia que el resultado de las Primarias en Florida tiene en el desarrollo posterior de la carrera hacia la Convención Republicana de agosto, que este año se celebrará precisamente en el estado de los pantanos.
 
Será, pues, el próximo martes 31 cuando los conservadores elegirán entre dos opciones de derecha, una ligeramente más moderada, con Romney como cabeza de cartel, y otra mucho más radical, al ritmo que marca la batuta de Gingrich.
 
Fracasos y resurrecciones
 
Este proceso republicano para designar al rival de Barack Obama está salpicado de fracasos y también de misteriosas resurrecciones. Porque al comienzo, todo eran lisonjas y parabienes con el gobernador de Texas, Rick Perry. Mitt Romeny siempre estuvo ahí, y cuando el tejano tiró la toalla, recobró fuerza, a pesar de que en los cincuenta estados parecía escucharse una misteriosa voz invisible que clamara atronadora “todos contra Romney”, un tipo incansable que ya pensaba en las Presidenciales de este año desde el momento en que Obama celebraba su victoria en el Grant Park de Chicago en 2008. Rico empresario laxo con sus obligaciones fiscales, con guiños a las políticas demócratas en un Estado de hábitos liberales como Massachussets, Mitt Romney carga con el sambenito de ser mormón, algo que la ortodoxia evangelista no admite, y con cambios de opinión sobre asuntos que sensibilizan la piel del votante americano, como los matrimonios homosexuales.
 
Y de repente, del orgullo confederado de Carolina del Sur, Newt Gingrich resurge de las cenizas para mostrar al mundo que esto no hay quien lo entienda. Porque, más allá de simpatías o cercanías ideológicas, Obama ha intentado centrar o “europeizar” a la primera potencia, con dosis de multilateralismo y propuestas sociales ambiciosas que los republicanos se han cuidado muy mucho en tumbar. Gingrich representa a la derecha más populista y, a la vez, ultramontana, un tipo capaz de confesar en público que algunas de sus fuentes de inspiración son John Wayne o supuestas civilizaciones extraterrestres, sin inmutarse. Bragueta fácil, provocador incendiario y orador brillante, Newt Gingrich ha sabido rentabilizar sus escándalos particulares cuestionando los valores deontológicos y la decencia de los medios de comunicación. Y todo ello con el aplauso del Tea Party.
 
Un proceso apasionante
 
Ahora, una vez que se van despejando las incógnitas en las filas republicanas, llega el momento de la verdad. Porque un proceso electoral en Estados Unidos es tan apasionante como contradictorio. Al principio, estamos ante un ejemplo de verdadera democracia real con la participación de las bases, abierta a quien manifieste voluntad y coraje suficiente para sumarse a la aventura.
 
Pero, como gustaba decir al siempre ocurrente Giulio Andreotti, es tiempo de pasar “de la Literatura a las Matemáticas”, es decir, de saber con qué recursos se cuenta para poder concluir el largo viaje hasta la cita con las urnas el 6 de Noviembre. Es el turno de los Comités de Acción Política, esos mecanismos de recaudación de los candidatos cuya información, además, refleja el apoyo político que reciben los contrincantes en una fórmula bien sencilla: a más dinero, más respaldo.
 
Así que, toca encomendarse a Dios. Lo hacen los candidatos en sus intervenciones, pero desde ahora sobre todo lo hace el todopoderoso ojo divino que figura en el billete de dólar.
 
Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.