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Los puntos cardinales

El misterioso inventario de juguetes atómicos de Mahmud

Noviembre 8, 2011

El día que conozcamos en su totalidad lo que atesora la tecnología nuclear iraní quizá empecemos a utilizar valeriana para poder conciliar el sueño y dormir a pierna suelta. Porque el informe de la Agencia Internacional de la Energía Atómica, después de años de investigación y de numerosas trabas por parte de Teherán, concluye que el régimen de Mahmud Ahmadinejad lleva trabajando desde 2003 en un ambicioso programa nuclear. Para tranquilidad de la Administración norteamericana, gracias a la presión internacional se logró interrumpir en varias ocasiones el proceso para usos militares.

El problema de este desafío iraní es que hace muy difícil que la comunidad internacional pueda adoptar medidas coordinadas que se ajusten a la gravedad de los hechos por la ausencia de datos suficientemente exactos que garanticen un conocimiento real del tipo de juguetes con los que Mahmud se divierte asustando a los demás. La AIEA admite que su informe se basa en los extractos facilitados por el espionaje occidental sobre el terreno, y no tanto por la tarea de sus inspectores, a los que el Gobierno engaña como quiere, impidiéndoles el acceso a los lugares clave para conocer el verdadero nivel de desarrollo del programa atómico.

Las alarmas las ha encendido Israel, que ha sido capaz de que, a partir de informaciones de su prensa nacional, los medios occidentales picasen el anzuelo y las recogiesen, empezando a especular sobre la posibilidad de que las autoridades judías consideren inevitable un ataque contra Irán. Esa acción unilateral estaría provocada por la certeza, al menos del Mossad, de que Ahmadinejad dispone ya de capacidad letal nuclear suficiente para provocar un holocausto en la región. Para ello habría contado con la experta ayuda de ingenieros norcoreanos y paquistaníes. Desde algunas cancillerías occidentales se admite que la existencia de una bomba nuclear es una posibilidad real, pero a más largo plazo. Es decir; los ingenieros iraníes deberían emplearse sin descanso al menos tres años más para lograr el diabólico encargo de su jefe.

Con bomba disponible o no, la sensación es que el régimen de los ayatolás está cada vez más aislado y el de Israel, también. Y es muy peligroso para la estabilidad de todos los demás que esas dos potencias regionales anden como lobos solitarios por su cuenta, sin encomendarse a nadie y tapándose los ojos sin calcular las consecuencias de sus respectivas chulerías. Si el dossier de la Agencia saca a la luz lo que todo el mundo sospecha, ni Moscú ni Pekín tendrán argumentos para seguir defendiendo a un país cuyos tentáculos del mal extienden, por un lado, la inestabilidad política regional y, por otro, la religiosa, con los clérigos chiítas frotándose las manos a la espera de que el último soldado norteamericano se marche de Irak.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.