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Los puntos cardinales

El misterio del Polonio 210

Noviembre 12, 2013

El pasado lunes se cumplieron nueve años de la muerte de Yaser Arafat. La conmemoración viene enmarcada por los resultados de los análisis realizados por un equipo de investigadores muy prestigiosos en Ginebra, que les llevaron a elaborar la hipótesis, muy razonable, según dijeron, de que el elevado nivel de polonio 210 y de plomo hallado en los restos hacía plausible la sospecha del envenenamiento. Eso sí; los científicos pasearon por el alambre siendo perfectamente conscientes de que no podían siquiera insinuar una sospecha sobre la autoría. La historia, por tanto, sigue sin ser desvelada transcurrido todo este tiempo, a pesar de que la viuda del rais palestino, Suha Arafat, conociese la información publicada por The New York Times al año siguiente del fallecimiento.

Dos periodistas israelíes habían recibido un documento oficial de la Autoridad Nacional Palestina en el que se explicaba con todo lujo de detalles la misteriosa enfermedad contraída por Arafat un mes antes de su muerte y que le hizo padecer un auténtico infierno de dolores abdominales, vómitos y diarrea. En Ramala nadie sabía cuál era la dolencia hasta que fue trasladado al hospital Militar de Clamart, en París, donde se descubrieron graves problemas en el flujo sanguíneo que concluirían en la hemorragia que le costó la vida.

Qué o quién acabo con el rais

Suha Arafat removió cielo y tierra en su lucha para conocer qué o quién acabó con el líder de la OLP. Todas las sospechas, obviamente, se centraron en el Mossad israelí como única organización con capacidad operativa para infiltrarse hasta el último rincón de la Muqata, la sede de la Presidencia palestina. El entonces primer ministro de Israel, Ariel Sharon, llegó a lamentar incluso en público en alguna ocasión no haber eliminado a Arafat cuando las tropas judías entraron en Líbano en 1982. Sin embargo, el hombre que en 2004 ejercía de portavoz del Gobierno hacía una reflexión curiosa la semana pasada. Según él, las autoridades de Israel sabían que la vida del presidente palestino tocaba a su fin, por lo que Ariel Sharon ordenó que nadie, ni en el Gobierno ni en las fuerzas de seguridad, tuviese nada que ver con el fatal desenlace.

Más lejos llegó incluso a pronunciarse el actual ministro de Energía, Silvan Shalom, que en aquellos momentos ocupaba un puesto de gran relevancia en la estructura de seguridad del Estado judío. Para él, Israel no tuvo absolutamente nada que ver y si efectivamente hubo envenenamiento, sólo pudo haberse llevado a cabo con la participación directa de alguien que pudiese moverse en el círculo más estrecho de colaboradores del rais.

Cautela imprescindible

Desde el punto de vista científico, la cautela es imprescindible. Los investigadores recordaban que el polonio 210, conocido como radio F, sólo tiene efectos si es ingerido o inhalado. Es una sustancia que va perdiendo eficacia y propiedades cada día. Hasta ahora, sólo conocíamos el caso del ruso Alexander Litvinenko, que falleció en 2006 en el Reino Unido a consecuencia de este material emisor de partículas alfa. El misterio de la mano asesina me recuerda a la taza de té que bebió el Papa Juan Pablo I poco antes de morir. Al igual que en el Vaticano, sólo personas de probada confianza podían acceder a las dependencias privadas de Yaser Arafat. De todos modos, supongo que en ninguno de los casos se tendrá el coraje suficiente para investigar si hubo traición. Los avestruces son felices cuando esconden la cabeza para ignorar lo que les rodea.

Ángel Gonzalo, Redactor Internacional de Onda Cero.