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Volando voy, volando vengo

El misterio del Boeing 777 malayo desaparecido: alguien oculta información

Noviembre 26, 2014

Antes de entrar en harina, conviene que fijemos algunos parámetros que nos ayudarán a sacar conclusiones:

  1. Los aviones, como determinados patrimonios, raras veces desaparecen sin dejar ningún rastro, y
  2. A diferencia de esos patrimonios, los aviones desaparecidos no suelen acabar escondidos en cajas fuertes de paraísos fiscales.  Son chismes grandes, se ven, hacen ruido y, cuando caen, manchan, arden y dejan restos esparcidos sobre tierra o agua.

Este triple siete (Boeing 777), en concreto, medía 61 metros de punta de ala a punta de ala por 64 metros de morro a cola, pesaba 143 toneladas en vacío, y podía llevar hasta 171 toneladas de combustible en sus depósitos (más que su propio peso). Difícil de perder ¿no creen?

Y vamos a los hechos, empezando por diferenciar entre los “Se sabe” y los “Se dice”:

  • Se sabe que el avión despegó de Kuala Lumpur a las 00:40 horas del s sábado 8 de Marzo del 2.014 (Hora local).
  • Se sabe que en el avión viajaban, no “227 personas y 12 tripulantes” como dijeron algunos medios de comunicación españoles, sino “239 personas” si asumimos (y de esto doy fe), que los tripulantes de los aviones también son personas.
  • Se sabe que había pasajeros que viajaban con pasaportes robados, pero “se dice” que no representaban riesgo alguno para la seguridad del avión.
  • Se sabe que El Pequeño Nicolás no estaba abordo.
  • Se sabe que el vuelo fue normal durante los primeros 40 minutos, tiempo en el que el avión había volado hasta el Golfo de Tailandia, y había ascendido hasta una altitud de crucero de 35.000 pies (unos 10.700 metros).
  • Se sabe que el avión llevaba, además de fruta, algo con grandes cantidades de baterías de ion-litio entre su carga manifestada, pero “se dice” que no hay ninguna evidencia de que algo que llevara el avión en sus bodegas fuese la causa del accidente del mismo.
  • Se sabe que el avión estaba equipado con tres radios VHF para comunicaciones verbales aire-tierra, y que volaba en un área con cobertura suficiente para usarlas.
  • Se sabe que, además, el avión tenía otras dos radios HF para comunicaciones verbales a/desde lugares remotos perfectamente operativas, además de capacidad de comunicarse vía satélite.
  • Se sabe que el avión volaba bajo cobertura del “radar secundario”, que consta de un aparato abordo que responde a una señal de otro aparato complementario que tienen los controladores en tierra, suministrándoles datos como identificación del vuelo, velocidad, rumbo, altitud, trayectoria, etc.
  • Se sabe que, además de todos esos sistemas de comunicaciones que podrían ser manipulables por el famoso piloto suicida de las teorías de la conspiración, el avión lleva un sistema autónomo por el que envía, continuamente, una cantidad ingente de datos en tiempo real a la compañía aérea, y (según programación) a la casa constructora del avión por radio y por satélite.
  • Se sabe que ese sistema de transmisión de datos “autónomo”, no era el único instalado en el propio avión, sino que llevaba otro, dedicado a parámetros específicos, en cada uno de sus dos motores.
  • Se sabe que cada uno de estos equipos; radios, transpondedores, sistemas de transmisión de datos, etc., tomaban la energía eléctrica que les hacía falta para funcionar de una combinación de fuentes tan redundante, que hacía prácticamente imposible el fallo simultáneo de todas ellas.

Y a todo esto que “se sabe”, debemos sumar el hecho de que el avión volaba en uno de los espacios aéreos más controlados por los militares del mundo por su vecindad a “puntos calientes”, lo que hace prácticamente imposible que nadie haya captado su eco en los radares primarios (radar que usan los militares y que no requiere ninguna acción del objeto detectado para reflejar su imagen en una pantalla, a partir de la cual se deduce el tipo de aeronave, velocidad, altitud, etc.), o su imagen satélite. Esa vigilancia, por cierto, hace que  “se sepa” que la zona del Golfo de Tailandia, Estrecho de Malacca y Mar de China es de los lugares del planeta más complicados para esconder el lanzamiento de un misil, cuanto menos un objeto del tamaño de este avión.

Lo que pudo pasar
 
Entonces, ¿qué pasó?

Sabemos lo que no es probable que pasara:

Teoría del confeti: Fue la primera explicación que se dio; la que sostenía que el avión se vaporizó en el aire cuando llevaba 40 minutos de vuelo. El problema es explicar qué hubiera sido capaz de provocar una desintegración total de semejante avión, sin que diera tiempo a que ningún sistema de abordo (voz o datos) proporcionara ninguna señal de alarma, y reduciendo el aparato a trozos lo suficientemente minúsculos como para que su caída no fuera detectada por ningún radar y/o satélite de vigilancia.

¿Un misil? ¿Existen misiles capaces de hacer desaparecer completamente un avión de ese tamaño sin que caiga nada al suelo? Lo dudo; compárenlo con el campo de restos que dejó el avión gemelo que fue derribado sobre Ucrania. Pero si ese fuera el caso, ¿quién habría lanzado ese misil? ¿Por qué? ¿Quién calla? ¿Una catastrófica explosión interna que triturara los restos has a hacerlos invisibles? Podría ser, pero, entonces, ¿qué llevaba ese avión en sus bodegas? ¿Quién y por qué estaría ocultando esa información?

Teoría del vuelo fantasma: Es la aceptada ahora, y sostiene que el avión voló varias horas fuera de ruta, de forma controlada o no, y que acabó estrellándose en el océano cuando se le acabó el combustible. ¿Algo que incapacitó a la vez a todas las personas a bordo y a todos los sistemas de comunicación y detección con los que iba equipado el avión simultáneamente? Bueno, es  extremadamente improbable, pero posible.
 
Lo que no es posible, insisto, es que un avión de ese tamaño vuele indetectado, cuando además se le está buscando, por casi ninguna parte del mundo en general, y por ésa en particular. El protocolo de moda después del 11-S exigiría que ese avión fuese localizado e identificado, y si no respondiese, interceptado, obligado a aterrizar y, llegado el caso, incluso abatido para prevenir males mayores.

En resumen, según la máxima aceptada en aviación que dice que “el despegue es voluntario, pero el aterrizaje es obligatorio“, sabemos que ese avión está en algún punto, en tierra o en agua, de la superficie de este planeta, que estalló violentamente en el aire, o que se estrelló, o que amaró o aterrizó… Y, me temo, que hay gente que no quiere o no puede contar todo lo que sabe.

El tiempo nos dirá algo, sin duda, pero probablemente será lo que quieran que sepamos.

Jules Védrines