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Los puntos cardinales

El misil de ida y vuelta y la encrucijada siria de la OTAN

Octubre 9, 2012

Las guerras son perversas y dan lugar a paradojas asesinas y crueles. En los últimos veinticinco años hemos tenido ejemplos de ello muy significativos. Cuando los carros soviéticos corrían por los polvorientos caminos de Afganistán, los americanos veían a Osama Bin Laden como el “muyahidín” perfecto para combatir a las fuerzas de ocupación. Luego degeneró como el monstruo de Frankenstein. Y ahora nos enteramos de que el proyectil de mortero que causó la muerte a cinco civiles turcos en la aldea de Akcakale fue específicamente diseñado para la OTAN. Algunos países aliados disponían de ellos, como Turquía, que hizo entrega de unos cuantos a los rebeldes sirios.

 

Es, como vemos, sólo una anécdota, trágica, eso sí, pero una anécdota al fin y al cabo que nos sirve para analizar la complejidad que este episodio supone para la Alianza Atlántica. Desde el cuartel general de Bruselas, donde hoy están reunidos los ministros de defensa de la OTAN, se respalda al Gobierno de Ankara, conforme a lo tipificado en el Tratado de Washington. Sin embargo, la organización ya ha dejado claro que no tiene intención alguna de llevar a cabo operaciones militares en Siria, en un país que alberga la sociedad más compleja de todo el mundo árabe, con una minoría aluita que gobierna sobre la mayoría sunni y convive con cristianos ortodoxos, católicos y drusos.

Una sola voz para la oposición

Los países occidentales vienen insistiendo en la necesidad de que la oposición hable y actúe con una sola de voz. La gravísima crisis les hace desconocer a qué grupo rebelde apoyar porque las actuales circunstancias han obligado a un replanteamiento total de las misiones de inteligencia, una vez que la mayoría de los agentes de campo han tenido que poner pies en polvorosa. Dicho lo cual, parece casi imposible que desde Washington o desde Bruselas se sepa con exactitud qué ocurre dentro de Siria.

Por ello, cabe temer que el conflicto vaya para largo y que, mal que le pese, la comunidad internacional no tenga más remedio que asumir que el final de la guerra sea pactado con el régimen, dejando un país devastado, una sociedad diezmada y desmoralizada y, para colmo, el poder de los Assad casi intacto.

Además, la OTAN no ignora que poner en marcha una intervención armada en el país donde Rusia tiene la base militar de Tartus hace de la sola idea una misión imposible.

Así que, por ahora, lo más plausible es que Estados Unidos se decida a contar con el concurso de sus aliados franceses, británicos y turcos para empezar a trabajar en apoyo de algún opositor que merezca ser acreedor de la confianza para, llegado el momento, hacerse con el poder en Siria, en el remoto caso de que Bashar El Assad decidiese entregarlo. Para este enrevesado plan se piensa también en la aportación de Arabia Saudí, aunque con el temor lógico a que los misiles acaben en manos equivocadas, como en tantas otras ocasiones.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.