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¡Qué fuerte!

El milagro de ser mujer

Marzo 11, 2016
semaforo valencia

Esta semana hemos celebrado el Día Internacional de la Mujer y es una pena, la verdad, porque la celebración de este día significa que todavía queda mucho por luchar y por conseguir. Nuestra sociedad es más avanzada y cada vez está más cerca de alcanzar esa ansiada igualdad que, no sé por qué me da, va a tardar mucho en llegar. A día de hoy hay mujeres con puestos similares a hombres que cobran menos por ser mujer o discriminadas laboralmente porque se quedan embarazadas. Por desgracia, hay otras culturas en las que la mujer no tiene derecho a estudiar, conducir o caminar sola por la calle, por poner un ejemplo. Sociedades donde las niñas son mutiladas, casadas por conveniencia convirtiéndose en esclavas sexuales de sus maridos ancianos para ellas y/u obligadas a trabajar para mantener a la familia. Niñas que se convertirán en mujeres que no habrán conocido otra cosa que la discriminación, la humillación y el desprecio.

La payasada de los semáforos de Valencia

Aquellas, al igual que éstas, aunque a distinto nivel, son mujeres valientes que luchan por salir adelante, por tener un reconocimiento de la sociedad, por ser alguien y demostrar su valía. Todas luchamos diariamente para demostrar ser buenas hijas, buenas madres, buenas esposas, buenas amas de casa  y buenas profesionales. Todavía no es fácil ser mujer, es más bien un milagro. Y para que haya igualdad no hace falta un milagro, hace falta justicia. Y justicia no es que el alcalde de Valencia cambie veinte semáforos en la ciudad y les ponga falda a los muñequitos para que haya paridad.

Esto es un auténtica payasada, precisamente porque a la mujer le costó mucho llevar pantalones sin ser criticada. Un logro que ahora ese señor y su gobierno se cargan de un plumazo por querer ser guays. Para ser guays quédense en su casa poniéndole faldas a sus hijas, que nosotras nos nos sentimos discriminadas por ver en un semáforo la silueta de un monigote. Nos sentimos discriminadas por otro tipo de cosas, no por estas chorradas. Si todo lo que se le ha ocurrido al gobierno del Ayuntamiento de Valencia en favor de la igualdad son semáforos femeninos, apaga y vámonos. El pantalón supuso para la mujer un símbolo de liberación femenina. Siempre había sido signo de masculinidad y poder y el hombre no consintió durante muchos siglos que se vistiera como él. Las mujeres feministas desafiaron ese dominio masculino a mediados del siglo XIX en Francia y gracias a ellas hoy podemos ponernos pantalones. Ese dicho machista de “quien lleva los pantalones en casa” se hace por fin extensivo al sexo femenino.  Así que déjese de gastar dinero en tonterías, señor alcalde de Valencia, e inviértalo en lo que de verdad es necesario para que haya paridad e igualdad.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com