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A renglón seguido

El metílico… en metálico

Enero 3, 2017
ano-nuevo-alcohol

Estamos de cumpleaños. Han transcurrido tres lustros desde la incorporación al euro modificando nuestra capacidad adquisitiva; pero para mermarla. Recordamos los efectos del redondeo en el precio final de muchos productos. Excepto en alimentación, que mantuvo la figura de los céntimos. Los nuevos billetes, que no eran de Monopoly, monopolizaron nuestra atención: y la de los falsificadores, que no cejan en su empeño de darle al asunto del trasunto.

En los altares de los bares vino… el trasiego de la conversión de la peseta a euro con las tablas de la ley de la equivalencia. Con una particularidad, que los cien céntimos que nutrían a una rubia, pasaron a ser sesenta de euro, y si te cobraban cien del nuevo cuño (un euro) en lugar de las retirables cien (moneda), habían subido el precio sesenta y seis pesetas. Hasta la fecha nos agachábamos por una, y pasamos a no hacerlo por huérfanas monedas de uno, dos o cinco de cobre.

¡Y hablando de bares!, un nuevo compañero de barra con el que poder interactuar: un cañero digital apadrinado por esa conocida marca de cerveza que te invitaba a ´pensar en verde´ y concluir en ¡Qué ´pinta´ tiene! Investigadores y expertos en medicina informan que se ingiera con moderación incluyéndola en la actual dieta mediterránea, ya que podría evitar la oxidación de nuestro herrumbroso cuerpo.

Crece el número de pequeñas empresas cerveceras que van desplazando el consumo del elegante trago largo hacia sus espumantes intereses. Total, diferentes collares para los mismos perros. Tampoco las bodegas, trufadas de alto diseño por afamados arquitectos, dirigidas a los caldos de las vides se quedan a la zaga.

Muy arraigado en nuestra cultura

Otros, como los siberianos, se beben lo que les echen; y nunca mejor dicho. A falta de su destilado etílico patatero favorito, se decantan, como el vino, por el metílico, al que también se hace frente con metálico, que se ha convertido en la “vodkantante” en sus bocas. Lo aparejan con el consumo de anticongelante, que, por definición, lo  ingieren para pasar el mal trago de las bajas temperaturas y matar el frío. El problema es que les puede salir el tiro por la culata matando, paradójicamente, de un tiro dos pájaros.

El consumo de alcohol está muy arraigado en nuestra cultura. Para despedir el año brindamos; y para recibirlo también. Y no lo hacemos con limonada, sino con “limoalgo” espirituoso. Basta la imagen de las televisiones con los diferentes animadores “chinchinando” con vino espumoso con agujeros que llamamos cava.

Cabe rememorar aquel chiste, que me fue transmitido por alguien desaparecido de gran talla, en todos los sentidos, para mí, de aquella resignada ama de casa, quien harta de ver llegar a su, todavía, marido en elevado estado de embriaguez, le espeta con alto grado (40) de indignación e impotencia: –“Tenían que poner las copas a quinientos euros” –a lo que apostilla el baranda pimplador– ¡Eso, eso… y GRANDES como piscinas!

El agua de los floreros está en clara decadencia.

Paco de Domingo