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Los puntos cardinales

El Master de Australia: no hay paridad, solo mujeres eficaces

Febrero 9, 2011

Si hay algo a lo que los gobernantes del planeta se ven incapacitados es a hacer frente a las catástrofes naturales. Cuando la madre naturaleza desata toda su ira, las administraciones tienen que estar a la altura, porque es el momento en el que los ciudadanos necesitan esa sensación de paternidad protectora que les mantenga a salvo.

Sin embargo, cuando los Gobiernos muestran su parálisis y su inoperancia, observamos que algunos elementos de la sociedad civil pueden organizarse para paliar las carencias. Ocurrió en el terremoto de Egipto en 1992, en el que trescientas personas murieron y cuatro mil resultaron heridas. El Estado apenas balbuceaba mientras los Hermanos Musulmanes ponían en marcha una rápida red de asistencia y auxilio a los damnificados. Parecido fue el caso tras el seísmo en la ciudad japonesa de Kobe, donde fallecieron seis mil quinientas personas y la mafia nipona, la Yakuza, llenó el hueco dejado por un Gobierno lento y sin reflejos. Más reciente ha sido el caso del huracán Katrina en 2005: un George Bush que prestaba una especial atención a los enemigos y a los fantasmas exteriores, en perjuicio del cuidado de sus conciudadanos dentro de casa.

Julia frente a todo

Sin embargo, este año estamos teniendo un ejemplo bien remoto. Porque rara vez hablamos de Australia, ese país grande como un continente que está “down under”, -“ahí abajo”-, como dicen los ingleses. En apenas un mes las inundaciones han devastado la parte oriental de la Isla en una extensión similar a Francia y España juntas. Acto seguido, el paso del ciclón Yasi hizo temer los peores augurios, aunque finalmente perdió la fuerza cinco con la que se acercaba a la costa. De nuevo el agua, con olas de siete metros borrando todo lo que encontraban a su paso. Y ahora, otro de los elementos esenciales, el fuego, en la franja Oeste.

A lo largo de estos días trágicos, una figura hasta ahora casi desconocida ha cobrado un merecido protagonismo. Es Julia Gillard, la primera Ministra laborista australiana que llegó al poder en junio de 2010. Con su voz profunda, sus gestos delicados pero decididos y su voluntad de estar allí donde se halla el problema, esta mujer, junto a Anna Bligh, la premier del Estado de Queensland, han dado notables enseñanzas al resto de ese mundo que cree que las antípodas están fuera de la superficie terrestre. Julia Gillard ya demostró ser una soberbia parlamentaria en la Cámara y ahora, en un pulso contra la naturaleza, ha pasado con nota el examen de la teoría a una capacidad formidable de acción.

En la conservadora Australia no hay cuotas obligadas de paridad. Sólo hay mujeres sobresalientes.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero