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El lobby judío se instala en la Academia Sueca con el nombramiento del desaparecido Bob Dylan más sionista como Nobel de Literatura

Octubre 20, 2016
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Que Bob Dylan se haya llevado -por fin, dicen algunos- el premio Nobel de Literatura, esconde una infinidad de intereses y estrategias ocultas, bajo la silueta de un gorro de country elevado al blues y al rock más transgresor de las últimas décadas. Como el occidental y afroamericano Cassius Clay se convirtió a Oriente a través de su permutación en Muhammad Ali, el hijo de inmigrantes hebreos Robert Allen Zimmerman circuló en sentido opuesto. Cambió la kippah por la pila bautismal del cristianismo, deturpando su antropónimo Shabtai Zisl ben Avraham por otro que se adaptase mejor al sueño del 4 de julio.

Bob Dylan decidió alejarse del judaísmo para beber del Santo Grial de la Iglesia santa, católica y apostólica. En su camino incluso tocó y cantó ante el Papa Juan Pablo II. Durante etapa antropófaga del Corpus Christi, su nombre sonó una y otra vez como futurible ganador del premio Nobel de Literatura. Por aquel entonces, incluso llegó a componer, acompañado de Mark Knopfler, dos álbumes de góspel tintados de un evidente cariz religioso. La canción ‘Gotta serve somebody’ es el culmen de su conversión.

Curioso es, al menos, el momento en el que Bob Dylan recibe el premio. Un reconocimiento que se otorga para reconocer a personas o instituciones que hayan llevado a cabo investigaciones, descubrimientos o contribuciones notables a la humanidad durante el transcurso de sus actividades. Sus letras de ‘Lay lady lay’, ‘Like a Rolling Stone’ o ‘Tangled up in blue’ son ricas en retruécanos pero pobres en el fondo. No cabe duda que Bobby es un gran músico, pero un mediocre escritor.  Un escritor anodino que se ha llevado el Nobel de Literatura codiciado por tantos. Y lo ha hecho justo en el momento en el que se ha vuelto a acercar al mundo judío, desde su vertiente más sionista, aquella que defiende a capa y espada los intereses israelitas. Así, Dylan recuperó sus orígenes hebreos y se acercó a la corriente religiosa de los jasidim de la organización Habad, un movimiento proselitista que actúa en el seno de las comunidades israelitas de todo el mundo y procura el regreso de sus miembros al camino de la religión judía.

Actos devotos

Dylan era más Zimmerman que nunca y lo demostraba con actos tan devotos como el servicio del Yom Kipur. Los diez días de arrepentimiento de Bob sirvieron para reconciliarse con el mundo judío y para reverdecer su sionismo, agostado años antes. Fue en este momento, paradójicamente, cuando la Academia Sueca decidió otorgarle el Nobel de Literatura más polémico de los últimos tiempos.

La impetuosa ansia que persigue el ser humano de renovarse para evitar su pronta caducidad ha llevado a la Academia Sueca a cometer los mayores dislates de la historia reciente. Hasta ahora, nos asombrábamos cómo el mismísimo ogro del pogromo judío Adolf Hitler o el sanguinario líder soviético Josef Stalin habían podido ser candidatos al galardón de la paz (1939 y 1945 y 48 respectivamente). Otros como Henry Kissinger, Barack Obama o la ONU se llevaron el gato al agua en otras decisiones inexplicables. Quizá por ello Zimmerman haya optado por no alterar un ápice su agenda y no hacer declaraciones al respecto, como si el Nobel no fuese con él, en una suerte de devaluación extrema del premio.

Y es que el interés por americanizar el mundo desde un lobby judío, sigue en pie y con extrema salud desde la noche de los cristales rotos. Con la rendición de los alemanes el 7 de mayo de 1945 y la liberación judía a manos de los americanos se empezó a gestar la dominación mundial del rey David sostenida por la bandera de las 50 estrellas.

Lobby judio

La presencia del lobby judío en la comunidad sueca es digna de estudio. A pesar de ser un país con una escasa proporción de inmigrantes sobre su población total, sus mass media, como no podía ser de otra forma, están controlados por el órgano de poder judío. De los siete principales diarios de Suecia con una circulación diaria de más de 100.000 ejemplares, la familia judía Bonnier (originariamente Hirschel) posee cuatro de ellos. El más importante es el periódico matutino de mayor tirada en Suecia -el Dagens Nyheter-. Observando su website se puede comprobar su carácter semita. Decenas de noticias sobre Dylan comparecen en su portada. Ni rastro de los demás premiados con los galardones internacionales en honor a Alfred Nobel.

La reunión de 2012 del Club Bilderberg contó con la asistencia del presidente del Grupo Bonnier, Jonas Bonnier. Al foro Bilderberg asisten anualmente las 130 personas más influyentes del mundo. Las teorías conspirativas que sobrevuelan este grupo se cuentan por millares. La sobrerrepresentación de judíos en las reuniones del club Bilderberg es llamativa -de los 45 americanos que asistieron a la conferencia Bilderberg 2008, 26 eran judíos, lo que supone una representación del 58% siendo el porcentaje de judíos sobre la población americana de tan solo el 2%-.

El grupo Bilderberg es acusado de conspirar para imponer un gobierno mundial, un dominio capitalista y una economía planificada. Sus directrices y previsiones se van cumpliendo día tras día a un ritmo estremecedor. Parece que una decisión tan nimia para gran parte del planeta como el nombramiento de un Nobel de Literatura, ocupa una parte capital en el nuevo orden mundial que se está urdiendo.

El lobby judío se expande vertiginosamente. Thiong´o, Murakami o Adonis permanecerán per secular seculorum en las quinielas de un Nobel de Literatura que nunca se llevarán. Por las mismas razones por las que Mahatma Gandhi no tiene el de la Paz. Por los mismos motivos por los que Peter Turkson nunca oficiará desde la ventana del Vaticano. Por los mismos intereses por los que Putin y Obama batallan sobre la cabeza de Bashar ál-Asad.

Jesús Prieto