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Otras opiniones

El lenguaje matemático de la belleza

Febrero 24, 2010

Según nuestro diccionario, belleza significa: Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras artísticas y literarias; por tanto, ¿puede la belleza expresarse en términos matemáticos?
Durante el renacimiento existieron dos hombres (Luca Pacioli y Leonardo da Vinci), que teorizaron profundamente en la órbita de la belleza y el arte. Mediante sus obras establecieron fórmulas que fijan las proporciones que deben cumplirse para conseguir la belleza excelsa. En su obra “De divina proportione “aparece el celebérrimo “hombre ideal” en base a la divina proporción o proporción aurea (número de oro, que se representa con la letra griega Φ (phi), donde habita un territorio de relaciones y propiedades numéricas increíbles, pero también de conexiones insospechadas entre la naturaleza y las creaciones humanas).
¿Qué tienen en común fenómenos tan dispares como la disposición de las semillas de una flor de girasol, la vía láctea o las obras de grandes artistas como Vitruvio, Le Corbusier, Leonardo o Salvador Dalí? Aunque parezca increíble, la respuesta a estos interrogantes es un simple número; una cifra de apariencia humilde, conocida desde la Antigüedad , cuya continua aparición en toda clase de manifestaciones naturales y artísticas le ha merecido apelativos tales como “Divina proporción” , “número de oro” o “proporción áurea”.

Cultura de la sutileza

Para la estética, la belleza es la esencia o la característica de un ente real, imaginario o ideal cuya percepción constituye una experiencia de placer, revelación de significado, o satisfacción.
Para aquellas personas que conservan intactos sus sentidos, la belleza se manifiesta en innumerables ocasiones; no sé si responden a una ecuación matemática o al lenguaje algebraico, pero puedo afirmar con rotundidad que su armonía y equilibrio pueden conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional.
Por ello, reivindico firmemente la cultura de la sutileza, de la perspicacia y de la excelencia. Creo que hemos olvidado los argumentos, las conductas o las actitudes que hacen de nuestro ser un animal cultivado y refinado. No nos dejemos llevar por la cultura de la mediocridad, “del todo vale “o el “qué más da “. ¡Pues sí da señores!, y mucho…
Aunque no queramos dilucidar las causas de la espeluznante decadencia intelectual a la que nos dirigimos a toda velocidad, muchas son las consecuencias de tales hábitos y pocos son los agraciados que por voluntad o por carácter han escapado de esa nube negra llamada vulgaridad.
Señores, tenemos que cambiar la actitud de nuestros jóvenes, inexpertas almas que luchan contra tempestades de barro por conseguir el sobrevalorado jornal. Luchemos por apreciar la belleza en todas sus manifestaciones. Hagamos de nuestro entorno un lugar donde las artes y las ciencias permanezcan en nuestras tertulias cotidianas.
Como bien definían los autores del Renacimiento, la armonía y la proporción se consiguen a través de “el numero de oro”.
Espero que nuestros lamentos tomen lecciones de geometría y puedan operarnos de ceguera.

Alejandro Serrano es estudiante de Derecho, Políticas y Económicas