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Mi Tribuna

El lado oscuro de las tarjetas negras

Octubre 19, 2014

Vamos a ver. Esto de las tarjetas negras en las cajas de ahorro es como el valor de la antigua mili: se supone. Quiero decir que el común de los mortales integrados en este mundillo de enchufes, peloteo, amiguismo, favores políticos y más gaitas de aquello que fueron las antiguas cajas de ahorro, eran conscientes de estos suculentos favores o gracias que disfrutaban los que pertenecían a los órganos de dirección. Que nadie se ruborice, aunque sea un escándalo de primer orden. En la clase política que ahora pide responsabilidades, expulsa a sus militantes o pide explicaciones, esas ‘gracias’ se conocían.

Los dispendios de Caja Madrid acabaron con la entidad, como en su momento cayeron otras muchas cajas de nuestra geografía que, envueltas en la nube de la obra social, no eran más que instrumentos de la prolongación del poder político.

Fusiones y tarjetas

Años atrás, dos famosas cajas estaban obligadas a fusionarse por una recomendación del Banco de España. Sus resultados les abocaban al abismo que finalmente se dio en forma de absorción por otro grupo mayor y por supuesto saneado. Pero antes de llegar a eso había que dar pasos previos y la fusión era el punto de partida. Pues bien, en el primer encuentro de los respectivos consejos de administración apareció encima de la mesa una visa oro a disposición de los consejeros de una de las cajas que no practicaba esos métodos. Argumentaban que era una norma habitual de la otra entidad y, por eso de unificar, unificamos por la cara oscura de las prebendas.

Aquellos consejeros que no tenían integrada esa costumbre en su caja se quedaron atónitos, pero más perplejos e incluso manifiestamente molestos, los representantes del otro lado no entendían el por qué de ese rechazo generalizado. Para ser justos, no todos en ese bando hacían uso de esa tarjeta de libre disposición pero sí hay ejemplos bien claros de cómo y para qué la empleaban como si fueran aprendices de Rato y Blesa.

Generosamente remunerados

La España honesta se echa las manos a la cabeza cuando le bombardean a diario con gastos en lujos, viajes o alcohol mientras todas las semanas se suceden manifestaciones por las preferentes o desahucios a las puertas de las entidades financieras. Esos tiempos pasados son los que estamos pagando ahora mientras, escandalizados, asistimos a la ceremonia de la confusión entre abusos y asombros. No creo que a Rato o a Blesa les hiciera falta una tarjeta negra para satisfacer sus instintos consumistas o viciosos porque estaban generosamente remunerados. Como tampoco creo que ese consejero de una caja de provincias entendiera de ética cuando tiró de visa oro para pagar unas fiestas en un pueblo. Esto que cuento es tan verídico como lo que ya se conoce de la extinta Caja Madrid. Pasa desapercibido porque no llega como nos llegan ahora esos días de vino y rosas a cuenta de unas cuentas que, claro, no cuadraban

 
Félix-Ángel Carreras Álvarez
Director Tribuna Valladolid