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¡Qué fuerte!

El karma brasileño

Julio 11, 2014

La Selección Española de fútbol quedó eliminada del Mundial de Brasil en el segundo partido. Jugamos el tercero por obligación y nos volvimos a casa tan ricamente. No ha sido un drama. Sí una decepción, pero el asunto no ha ido más allá y se ha resuelto con el humor que nos caracteriza a los españoles: montajes fotográficos con chascarrillos cachondeándonos de “la Roja” y cada uno a lo suyo, pues la vida sigue y no se acaba el mundo, ni mucho menos. En Brasil si, allí sí se acaba el mundo si no se gana al fútbol. Si se pierde un partido, se produce una catástrofe pero si se pierde el mundial, se forma una guerra civil. Inexplicable. Por más que lo pienso no lo entiendo ni le encuentro explicación lógica.

El país anfitrión se burló y rio de todo aquel que pasó por sus manos y perdió. Y ya no sólo de los que pasaron por sus manos, de los que no también. Cada uno se fija en lo suyo y lo que hicieron con España fue vergonzoso. Pero quien ríe el último, ríe mejor y ahora se han tenido que tragar sus pitidos, sus risas y sus insultos porque la venganza se sirve en plato frío. Llamémoslo “karma”.

Monstruos destructores

Pero allí en Brasil, a algunos se les va la cabeza y se creen que el fútbol les da de comer, entonces, como pierden, les da por pegarse unos con otros, queman autobuses sin conocimiento, destrozan todo mobiliario urbano que se pone por delante, etc. Vamos, que se transforman en monstruos destructores descerebrados porque pierden al fútbol. Que alguien me lo explique, por favor. Por mucho que sea el país futbolístico de referencia y por antonomasia, no es para tomárselo así ni para ponerse como energúmenos. Siempre me ha sorprendido la violencia en el deporte, dos palabras que por naturaleza son antónimas pero que, por desgracia, se convierten en sinónimas con asiduidad. Insultos, gritos, destrozos, peleas… ¿Dónde queda la finalidad y la esencia de la deportividad y el entretenimiento?

He ido más veces al fútbol que al baloncesto y, curiosamente, en baloncesto, la violencia verbal es muchísimo peor que en el fútbol. Confieso que pasé miedo y no he vuelto a ir. Luego todo queda en nada, pero el ratito de susto ahí se queda. El caso es que la afición futbolística de Brasil ha dejado mucho que desear y se han comportado como ineptos en lugar de ser educados y acogedores como país anfitrión que es. Si esto ha sido así con un sólo deporte, no quiero imaginar como será con unas olimpiadas en las que compiten alrededor de 30 disciplinas. Sinceramente, Brasil no se merece ser anfitrión de nada porque, si todo se lo van a tomar así, mejor que se queden en su casa, no compitan, no se presenten a sede de nada y así viven más tranquilos. Alguien debería penalizar o sancionar de alguna manera este tipo de comportamientos porque si no, nunca aprenderán y no se dará ejemplo. Sí actuaciones de ese tipo quedan impunes, la esencia del deporte se pierde y se convierte en bazofia. Un buen escarmiento sería que el C.O.I. decidiera quitarles los Juegos Olímpicos de 2016. Ya se rumorea, aunque no por estas causas. Sea como sea, sería un castigo ejemplar.

Rosana Güiza