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Atando cabos

El juez estrellado

Enero 26, 2012

Se están escribiendo las últimas páginas del declive de un juez. Con independencia de lo que dicten los Tribunales cuando concluyan los tres juicios pendientes, “el hombre que veía amanecer, como lo definió Pilar Urbano, está viviendo en primera persona el final de su carrera cómo juez. Aunque resultara absuelto, ya nada será lo mismo. 

Ese joven y ambicioso juez jiennense que se pagó la carrera universitaria trabajando en una gasolinera. Que buscaba y perseguía lo que terminó consiguiendo en Madrid: un puesto relevante en la judicatura, en la Audiencia Nacional. No vio colmada del todo su ambición de presidir la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional o ascender al Tribunal Supremo, o formar parte del CGPJ. Pero si consiguió dirigir todos los asuntos más relevantes de la actualidad. Apuntó a Felipe González con el caso GAL, a José María Aznar con la guerra de Irak, y traspasó fronteras con el procesamiento de Pinochet. La ambición de un juez que para conseguir su estrellato se enfrentó a todo y a todos. Pero ese juez se olvidó de lo más sagrado: ser un buen juez. Ser un instructor ejemplar. Y ahora puede pasar de juez estrella, a juez estrellado.


Baltasar Garz
ón siempre ha tenido fama, entre sus compañeros, de ser un “mal instructor”, los hechos así lo ha confirmado. Cuando concluía una investigación, en la mayoría de los casos, luego eran corregidos por una instancia superior. Por no hablar de los varapalos que ha recibido del Tribunal Supremo con sentencias recurridas. El caso de la “operación nécora”, el propio caso Gal con aquella “no estigmatización de Felipe González”, o determinados asuntos del entorno de ETA. Pasando por las recientes y ásperas investigaciones del “caso faisán”, o los tres casos por los que se ha sentado y se sienta en el banquillo: el caso Gürtel, la investigación de los delitos del franquismo y el presunto cobro irregular durante su estancia en Nueva York.

Un juez que siempre ha tenido un perfil m
ás bien de policía
Toda la historia de un juez ambicioso para terminar su carrera como magistrado acusado por el mayor delito con el que se le puede castigar a un juez en el ejercicio de sus funciones: prevaricación. El dictar resoluciones injustas a sabiendas de lo son. En parte Garzón ha probado de su propia medicina. Su forma de instruir donde la investigación de los delitos se ha sobrepuesto, en numerosas ocasiones, a la obligación judicial de tutelar los derechos fundamentales y las garantías procesales de las personas cuya conducta se investiga. Para Garzón el fin ha justificado en numerosas ocasiones los medios. Un juez que siempre ha tenido un perfil más bien de policía.
En el caso ya juzgado y en espera de sentencia estamos hablando de ordenar escuchas carcelarias entre abogado y cliente a sabiendas de que estaba vulnerando el derecho de defensor y defendido. El siguiente, el que ahora se juzga, es el que más adhesiones populares e internacionales está recibiendo. El propio juez sabía que era un brindis al sol investigar los crimines del franquismo, ordenar la busca y captura del general Franco, etc… Pero todo sea por la gloria del “juez sin fronteras”.
Cuando concluya estos dos juicios, a Garzón le quedará otro que se mantiene todavía en fase de instrucción. El supuesto cobro por parte del Banco de Santander durante su estancia en Nueva York. Este caso ya es menos “popular” que el anterior. Según la Guardia Civil, los ingresos de Garzón entre 2005 y 2006, años que estuvo impartiendo clases en Nueva York financiado por el banquero Emilio Botín, no se corresponden con las cantidades abonadas en concepto de nómina como juez de la Audiencia Nacional. Cuando Garzón regresó a su juzgado casualmente archivó una causa contra Emilio Botín.       

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio