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Atando cabos

El juego de la cerilla

Junio 10, 2012

Mariano Rajoy, el Estado, el Gobierno, y todos los ciudadanos hemos estado a punto de que se nos apague la cerilla en la mano. Y en ese caso, como en el juego de niños y adolescentes, hubiéramos quedado eliminados, y a pagar la penitencia. El fósforo encendido lleva pasando tiempo de mano en mano, nosotros previamente habíamos comprado muchas papeletas, estaba a punto de consumirse, pero de momento, alguien ha echado mas madera, y aquí no se quema nadie, al menos nosotros.

Es cierto que no hay que lanzar ninguna campana al vuelo. Es cierto, como decía el líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que “no nos ha tocado la lotería“. Que no es una buena noticia. No. Pero uno mide el éxito en función de la posición de partida. Y la posición de partida de España era que nos quemábamos seguro. Lo dijo por primera vez el propio Presidente del Gobierno en su comparecencia en Moncloa después de la reunión decisiva del Eurogrupo: “si no hubiéremos presionado, si no hubiéramos iniciado las reformas que lleva haciendo España en los últimos 5 meses, la alternativa era un intervención del Reino de España“. Era conocido, pero ha sido la primera vez que el Presidente del Gobierno desvelaba la nefasta alternativa. O nos ayudaba con un préstamo, un rescate, un crédito, o como lo queramos llamar, o la otra opción era intervenir directamente en nuestra nación, en el Gobierno, o en el Reino de España, que fue el término utilizado por Rajoy.

Varios países se resistieron hasta el final a que España tuviera un tratamiento especial

Las conversaciones, las negociaciones, las presiones han sido muy intensas en las últimas semanas. Esta solución “a la carta” para España comenzó a planificarse en el último encuentro personal que mantuvieron Mariano Rajoy y la canciller alemana, Angela Merkel. En aquel paseo en barco por las aguas del río Chicago con ocasión de la última cumbre de la OTAN. Allí fue donde se le encendió la bombilla a la canciller Merkel. Una solución para España, y sólo para los bancos españoles. Utilizar el fondo europeo para canalizar una ayuda concreta. Sin condiciones. Lo de las condiciones se da por hecho. Merkel, la Comisión europea, el FMI, han venido repitiendo que los ajustes y reformas de España van por el camino adecuado. Y que debe seguir por ese camino. Las condiciones, por tanto, no vienen impuestas, las ha impuesto el Gobierno español desde hace 5 meses. Teniendo en cuenta esa premisa, Merkel inició la estrategia.

La segunda cita importante se produjo en una conversación telefónica de más de 20 minutos que mantuvo Rajoy con el Presidente de la República francesa, François Hollande. El mandatario francés no sólo ofreció su apoyo a España, sino que incluso era partidario de ir más allá y modificar el Reglamento europeo para que las ayudas a la banca española fueran directas. Con todo, las negociaciones eran difíciles, muy difíciles. De hecho, tras la rueda de prensa de Rajoy, desde Moncloa nos apuntaban que hasta el último minuto en la reunión hubo tres países en concreto, Holanda, Finlandia y Austria, que no aprobaban la solución. Consideraban que era un agravio comparativo y un privilegio para España. Estos países no estaban dispuestos a conceder un crédito especial. Pero tanto Francia, como Alemania recordaron la envergadura y el tamaño de la economía española. No se puede hacer un rescate a España como se hizo con Grecia, Irlanda, y Portugal, simplemente porque no tienen nada que ver. La presión hacia España se tornó en presión hacia esos países remisos. La cerilla consiguió mantenerla encendida España, y se la pasó al siguiente consiguiendo un poco de más madera.

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio