Menú Portada
Mi Tribuna

El injusto calvario de María José Carrascosa

Abril 26, 2015

A veces, el tiempo es un cruel aliado del olvido de tal forma que pasan las cosas y se entierran en una indiferencia que solo recupera la memoria cuando se celebra algo; una efeméride o un aniversario que rescatan del baúl aquellas cuestiones importantes que solo el rápido transcurrir del calendario ha pretendido esconder para siempre. Para María José Carrascosa el tiempo se llama nueve años de su vida encerrada en una cárcel de Estados Unidos por un conflicto familiar transformado en un conflicto jurídico entre dos países con una interpretación diferente de la Justicia. En el medio, un hija y un matrimonio roto. El desenlace de la historia está por escribirse, pero al menos se ha cerrado el capítulo del inmenso peaje pagado por esta abogada española empeñada en defender una idea. Acertada o equivocada, pero una idea con un precio demasiado alto.


El devenir de María José Carrascosa es conocido o, al menos, su reciente puesta en libertad nos ha recordado el caso. Una española casada con un ciudadano norteamericano que, en su divorcio, abrió una batalla legal por la custodia de la hija de ambos. María José regresó con la niña a España y su ex marido cursó una denuncia en Estados Unidos acusándola de secuestro. Un inoportuno viaje a USA para resolver cuestiones burocráticas pendientes fue el principio de su condena, hasta hoy que ya disfruta de una nueva vida todavía con la etiqueta de libertad condicional, pero sin grilletes ni uniforme carcelario; sin la tortura diaria de preguntar cada día, cada hora, cada minuto, cada segundo, ¿qué hago yo aquí?

María José Carrascosa lo intentó todo. Durante este periplo ha contado con diez abogados diferentes que buscaron millones de alternativas. Desde Valencia, su familia removió todos los cimientos posibles con acciones públicas de protesta o gestiones políticas que acercasen posturas. El caso estaba amparado por la Justicia española, pero la norteamericana tenía otra interpretación. Su ex marido, implacable, solo se derrumbó hace un año cuando supo que la salud de la madre de su hija se resquebrajaba en esa cárcel donde María José compartía vida diaria con ladronas y asesinas.

Inútil mediación política

La mediación política del Ministerio de Asuntos Exteriores no sirvió de nada. La familia de María José se reunió con el ex ministro Moratinos, pero por entonces las relaciones del Gobierno de Zapatero con la Casa Blanca tampoco eran muy fluidas. Y mientras, esta ciudadana española se pudría en una cárcel. Durante este tiempo, aquella niña que María José dejó en España con apenas seis años, creció al abrigo de sus abuelos hasta convertirse en una mujercita que se derrumbó cuando, al fin, pudo hablar y ver a su madre en libertad.

María José Carrascosa quiere ejercer la abogacía para que su experiencia pueda servir en casos similares. También tiene previsto escribir un libro con su historia, con lo que ella considera “una atrocidad”. Nueve años, con sus días y sus noches. Sin más contacto con el mundo exterior que el padre Antonio, su única esperanza en Estados Unidos y la conexión con el futuro que ya le espera. Porque esta española recupera la libertad, pero las secuelas son incalculables. De momento, esta sinrazón le ha robado ver crecer a su hija y nadie se explica por qué. Por qué en un mundo civilizado, con dos países civilizados y desarrollados implicados, ha sido imposible encontrar una solución más humana a esta auténtica canallada. A lo mejor no estamos tan civilizados como pensamos pero imagino que coincidiremos en que este caso no hay por dónde cogerlo. Que, en resumen, ni con todo el odio del mundo nadie se merece nueve años de cárcel por un caso así.

Félix Ángel Carreras
Director de Tribuna Valladolid