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A renglón seguido

El impacto de Toledo

Octubre 10, 2013

Hasta la fecha, teníamos suficientemente contrastado a través de la sabiduría popular que se adquirió en la escuela de la vida, dado que no había tiempo para ir a la otra a aprenderlo en la enciclopedia, que de bien nacidos, era ser agradecidos. Este reconocimiento se ofrecía, entre otros, a nuestros mayores por los servicios prestados a lo largo de su dilatada carrera laboral llena de penurias en determinados casos.

Dicho agradecimiento pasaba por alguna que otra comida de hermandad –o enemistad- acompañada de apretones de mano, platos dedicados por la impronta dejada en “la imprenta” por “el tipo”, bolígrafos con baño de oro, aunque no supieras firmar… y, como plato principal, el inalienable derecho, recogido en el mantel del BOE, al postre de una pensión con la que disfrutar de las cuñas restantes del queso de la vida.

Pues bien, el merecido descanso del jubileo acompañado del estipendio mensual se está viendo trastocado al alza en los tiempos, y a la baja en las cantidades por las decisiones cocinadas por una porción –  representación del PP– de los comensales del llamado Pacto de Toledo, al que nunca son invitados los afectados, que, a finales del 2012, sumaban más de nueve millones de pacientes que empiezan a dejar de estarlo.

Todo un veterano ejército que, para conseguir la victoria de la sensatez y la proporcionalidad, tendrá que batallar con las armas de la protesta y la invasión de la vía pública, siempre y cuando nuestros gobernadores civiles lo permitan; eso sí, flanqueando a los reclamantes los Cuerpos y Fuerzas de seguridad del Estado debidamente instruidos por los Consejeros de Interior, no vaya a ser que hagan uso de bastones calados con acerada bayoneta, muletas de doble cañón, sillas de ruedas de casco blindado,  andadores de oruga y arrebatos de lucidez mental.

¡Anda!, que  no  habrá novelescos capítulos de la suprema incapacidad para poder revisar y corregir; como por ejemplo recortar a los que no rascan ni bola, en vez de tocárselas a los perjudicados presentes y venideros, entre los que, si el legislador universal me da salud, me encontraré algún día; bueno en mi caso alguna noche.

¿Por qué se romperá siempre la cuerda de la necesidad por el lado más débil, en lugar de rodear el cuello de los esforzados de la sokatira de la política gubernamental, que nos utilizan como ratones en el  laboratorio público de sus experimentos matemáticos en los que ellos no perecerán jamás?

La política de la austeridad nos está llevando a la disminución del estado del bienestar. La llamada esperanza de vida va en aumento, pero la calidad de esta última, como la Luna, mengua. Nos invitan nuestros desahogados dirigentes a sumergirnos en el sacrificio de los derechos adquiridos en materia de jubilación y pensiones, con la excusa de velar por asegurarnos nuestro futuro, cuando no saben ni qué va a ocurrir mañana. De hecho, alguno de ellos seguro que no conoce ni lo que nos pasó ayer.

Paco de Domingo