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Otras opiniones

El hombre que también veía amanecer

Enero 27, 2013

Esta pasada semana descubrí uno de esos lugares donde los periodistas producen repulsión, caras agrías, malas formas… un sitio donde sospecho que les hubiera gustado cogerme por el pescuezo y pegarme unos buenos guantazos. Ocurrió en la cafetería de una cárcel española. En la de visitas por supuesto. Estaba tranquilamente sentado tomando un café solo sin azúcar ni sacarina ni nada que modifique o edulcore su sabor, cuando se plantó ante mi, piernas separadas, manos en la cintura y cara de pocos amigos una responsable de la prisión a preguntarme qué hacía allí. Su lenguaje no verbal era de enorme agresividad. El tono de lo que salió por su boca, también. Me dio la impresión de que masticaba cada silaba para tratar de intimidarme. ¡¡Imagine usted lo que le respondí!! “Tomando café”. Era de una obviedad aplastante. Aquello la debió irritar aún más. Porque insistió en arrojarme la pregunta a la cara. Miré hacia los lados y le pregunté si el interrogatorio era sólo para mi o iba a seguir con los demás congregados en la cafetería. Su respuesta fue insistir, pero su tono subió algún peldaño más.

Si lo hubiese preguntado con educación habría respondido sin problema, no hacia nada ilegal. El problema es que ella sospechó que llevaba alguna cámara oculta (nunca he hecho una desde que me licencié) o que había acudido a sacar algún trapo sucio de la prisión. Y fíjese que esa es la cuestión. Me dedicó a un periodismo en el que se debe informar con rigor y pulcritud y en el que a veces mis compañeros y yo pisamos callos con nuestras denuncias. Seguro que ha leído los recientes casos de corrupción de crean hastío y una enorme desesperanza entre los españoles.

Frases para la polémica

Hace unos días hice público en El Programa de Ana Rosa el interrogatorio del juez Vázquez Taín al ladrón del famoso Códice Calistino. Todos pudimos ver en video cómo interroga el magistrado, frases como: “Usted hace como los zorros, es decir, recorren la misma zona para ver si cae la presa”, “si le falla el coche, cambie usted que ahora hay ofertas muy buenas”, “le veían cara de San Pedro y cada vez que lo veían le daban llaves”, “¿reza por los demás y luego cobra por rezar?” Gustará más o menos, producirá hasta risa las maneras de Su Señoría, pero en puridad, esa forma de interrogar vulnera la Ley. No quiero entrar a debatir si se burló del ladrón o no. Y si este por saltarse el séptimo mandamiento, se lo merecía. Humanamente se puede creer lo que se quiera, desde el punto de vista de la Justicia se debe actuar de acuerdo a las normas. Lo que hizo el juez es del todo incorrecto y le ha costado que la defensa solicite al Consejo General del Poder Judicial que le abra un expediente.

Le molestó a Vázquez Tain que el video de la confesión se hiciera público. Y probablemente se irrite cuando le cuente que he escarbado más con la uña y me he encontrado otras cosas que me preocupan mucho más que las “gallegadas” de Su Señoría. Si repasa usted los videos, verá como el propio juez anunció que la detención del presunto ladrón del Códice Calistino se produjo un día 3 de julio y la orden de prisión provisional es del día 6. Me apuntan que pasaron más de 72 horas, por tanto habría detención ilegal. Vamos lo mismo que le ocurrió a Gao Ping, el presunto Emperador en España de la mafia china.

Límite 72 horas

Si trascurre más de ese plazo, el juez obró mal y se le debe poner en libertad. Desconozco si el argumento es acertado o no. Tendrá que resolverlo Vázquez Tain y luego en apelación la Audiencia Provincial.

Pero hay un problema. Hace semanas que se presentó el escrito y según me dicen Su Señoría no ha resuelto. Es probable que diga que el argumento es incorrecto. Lo grave de no responder es que hurta a la defensa su derecho a presentar un recurso de apelación a sus superiores. Y como esta petición, hay otras pendientes: una solicitud de libertad provisional, la nulidad de la declaración que usted seguro vio en televisión, la nulidad de las entradas y registros, las de las grabaciones de las cámaras de seguridad… Me da lo mismo si su abogada tiene o no razón en sus solicitudes. Cualquier español acusado de un delito tiene derecho a que se le responda. De no ser así, podríamos estar ante una posible vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva. Con el agravante de que el juez ha terminado ya la instrucción y quiere enviar el caso para que sea juzgado. Es decir que el ladrón del Códice se siente en el banquillo sin que se hayan resuelto todas y cada una de las incidencias planteadas por su abogada.

Un libro me espera

Y si se lo comento es porque, en general, me enerva que haya quien se crea superior o te mire por encima del hombro en función de su cargo. Porque esas prepotencias ensucian nuestra sociedad y en algunos casos la perjudican. Cuando se demuestra que los derechos de defensa de un acusado han sido pisoteados, al llegar a juicio se puede dictaminar la absolución. Y yo no quiero que un ladrón pasee libremente por las calles sin cumplir su castigo.

Lo del incidente de la cárcel ya se lo terminaré de contar, que me espera el libro que Vázquez Tain acaba de publicar sobre el robo del Códice (aquel del hombre que primero veía amanecer lo leí en su día). Quizá ahora tiene tiempo de instruir.

Nacho Abad