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A renglón seguido

El globero, no bloguero

Noviembre 4, 2012

Los investigadores soviéticos “cogieron una perra” tremenda por el deseo de ser los primeros en darse una vueltecita por el espacio en 1957, para lo cual enviaron otra -en este caso de verdad-, con el nombre de Laika, a fin de comprobar la capacidad de supervivencia del can en condiciones desconocidas hasta la fecha.
Hace unos pocos días se produjo un acontecimiento de gran repercusión mundial, dado que ascendió hacia una de las cinco capas de la atmósfera Félix, otro animal -en este caso… ¿racional?-, emparentado en parte con el animado gatuno de nuestra infancia, ya que, además de ser un felino de la audacia, ha salvado los bigotes en el intento. “Miau”.
Sin ayuda mecánica
El osado “globonauta” austríaco -no astronauta (USA), no cosmonauta (URSS), no taikonauta (CHINA)-, Baumgartner formará parte del recuerdo de nuestra memoria. Y de la suya, puesto que no asistió a su propio sepelio con helio, combustible ascensor de su adminículo cósmico. El “globero”, que no “bloguero”, ha satisfecho así una curiosidad -la que mató al gato del refranero-, que tenía pendiente consigo mismo. Además, ha sido capaz de batir, sin la Turmix de toda la vida, varios récords; entre ellos, el de superar la velocidad del sonido en descenso libre -hay que estar un poco sonado-, sin ayuda mecánica, ni siquiera la de una naranja.
Su travesía de travesura ascendente, habrá estado visada y supervisada por algún facultativo pleno de facultades, que le habrá instruido acerca de la alimentación a seguir en las horas anteriores a su ascetismo atmosférico. De hecho, corren rumores de que su exitoso intento se nutrió de  un  severo ayuno  y  abstinencia   corporales,  para,  por  si  acaso,  “no  cagarla”, evitando así incorporar más basura espacial a la ya existente hasta la fecha en el creciente vertedero del universo.
Es para “chute”
Uno entiende que también habrá sufrido una adecuación ambiental para enfrentarse a tan osada intrepidez con altura de miras. Este negro, en su terrenal lugar, le habría recomendado asomarse a la rica ventana de la cinematografía de la mano de: Tony Leblanc en El Astronauta, o de Humphrey Bogart en Más dura será la caída, o de Warren Beatty en El cielo puede esperar, o de Stanley Kubrick en 2001, Odisea en el espacio, o de Peter Lorre  en 5 semanas en globo, o de Lucille Ball en El mundo a sus pies y, ¡cómo no!, el concurso de TV Ahora caigo.
El angelito, una vez alcanzados los 39 kilómetros de vertical ascenso  ayudado por solo un globo y ataviado con un traje espacial especial, decidió cambiar de aires y descender al abismo terráqueo en caída libre, como nuestras cifras de desempleo, ayudado en el segundo tramo de la trama por la tramilla reforzada con sombrero  de un paracaídas; en francés lo llaman “parachute”, y es que es para “chute” atreverse a tamaña estratosférica aventura.
No duden de que a la mayor brevedad, intentará ser cobaya de nuevo, enrolándose en otra “juliovernesca” y “davinciana” idea.

Paco de Domingo