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Mensaje en una botella

El futuro es de color de rosa

Abril 3, 2012

Esto no puede estar pasando. Es imposible. Todavía estoy frotándome los ojos. No puedo creer lo que veo. Una cosa es ser crédulo y otra distinta es que realmente esté ocurriendo lo que estoy viendo. Desde este lunes se percibe en la capital de España que ha llegado estamos en Semana Santa. La algarabía humana ha descendido, el estruendo de coches es menor y los sitios disponibles para aparcar se multiplican en las calles. La conclusión es incontestable: este año han salido de Madrid más personas que hace un año por estas fechas.

La mejor forma de escapar de la cruda realidad es escapar del escenario en el que transcurre esa cruda realidad. Poner pies en polvorosa es la solución perfecta. Huir hacia un lugar seguro, probablemente hacia una casa familiar, garantiza una fuga perfecta. No hay que ser el doctor Kimble para convertirse en el fugitivo ni ser prisionero en un campo de concentración para elegir entre evasión o victoria. Sólo hay que estar hasta la mismísima bolsa escrotal de la crisis económica.

Aparquemos la crisis en el lugar en que aparcamos habitualmente el coche, saquemos el coche de ese lugar y salgamos corriendo. Ancha es Castilla. Ya llegaremos a alguna parte. Hasta que el cuerpo aguante. Hasta que haya gasolina en el depósito. Cuando el depósito se vacíe, ya repostaremos lo que podamos. No sé si repostaremos mucho, porque la gasolina está más cara que nunca. Pero no todo van a ser malas noticias. Las hay peores: la luz y el gas acaban de subir un siete y un cinco por ciento respectivamente. Pero eso ya lo pagaremos cuando volvamos. Si es que volvemos, porque habrá que repostar para volver y tendremos que echar cuentas.

El presente es un marrón

Menos mal que los enviados especiales del partido de Angela Merkel ya le han dicho al presidente Mariano Rajoy que el Gobierno está haciendo lo que debe y que a España va a irle de maravilla en el futuro. Así que aprovechemos para vivir el presente mientras llega ese futuro, ahora que ya sabemos que el futuro es de color de rosa. Si el presente es un marrón, ya se nos ocurrirá algo para teñirlo mientras llega el ansiado momento rosáceo. Nunca pensé que quedaría tan agradecido a unos señores de Alemania que han venido de visita y que seguramente se han ido encantados con nuestra gastronomía. Porque no me cabe la menor duda de que se han puesto ciegos de jamón y otras viandas nacionales. Sólo deseo que la ceguera sea sólo gastronómica y que acierten en sus vaticinios con la precisión de Tiresias.

Pero aquí no estamos para adivinos ciegos de la mitología griega. La sola mención de Grecia o de su gentilicio levanta ampollas. La cuna de la cultura occidental se ha transformado con los siglos en la tumba de la economía europea. Si hoy te comparan con un alemán o con un francés, puedes tener tus reticencias porque te gusten más o menos sus comportamientos. Pero si te comparan con un griego, te mosqueas. Ahora mismo prefieres que te comparen con un esquimal. Porque hasta el momento no hay noticias de que en Groenlandia estén pasándolas tan canutas como en Grecia.

Como soy muy previsor, voy a buscar unas raquetas para los pies. El forro polar, la bufanda y los guantes ya los tengo en el armario. Aprovecho para despedirme. Confío en volver. Tengo entendido que en Groenlandia hay muchas facilidades para lanzar mensajes en una botella. Si mi información es correcta, esta bonita región autónoma perteneciente a Dinamarca está bañada por el Atlántico. Y para quienes lanzamos mensajes en una botella, el Atlántico es un océano de confianza.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero