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Otras opiniones

El futuro de la Unión

Julio 26, 2010

Durante el mandato del Emperador Diocleciano (284-305 D.C), se produjeron en Roma una serie de reformas que iban a marcar el destino del Imperio Romano de occidente.

El ejercito en la tetrarquía era enorme (400.000 soldados), que requería un enorme gasto, al que había que sumar las nóminas de la gran cantidad de funcionarios que tenía el Imperio. Por otra parte, la masa de campesinos trabajadora iba en descenso, lo que provocaba que el número de contribuyentes fuese menor que los contenidos por el Estado, provocando una grave crisis y una inflación descontrolada.

Las reformas más importantes que Diocleciano impulsó en el ámbito económico hacen referencia al establecimiento de un nuevo sistema fiscal basado en dos impuestos tradicionales. El iugatio-capitatio, que gravaba tanto tierras, personas como animales y que intentaría sufragar el enorme gasto que se producía en la superpotencia. Los intentos de Diocleciano por reflotar un Imperio encaminado al fracaso fueron infinitos, creo numerosos tipos impositivos, reformo los censos de población y los catastros de tierra, fijó precios y salarios por decreto imperial…

En el año 332 el Gobierno recurrió a una medida aún más drástica, al establecer la vinculación forzosa de los campesinos a la tierra que labraban y al convertir en obligatoriamente hereditarios los oficios y ocupaciones. Al igual que la recaudación en especie, la medida tuvo un cierto éxito a corto plazo, pero para el sistema económico resultó aún más subversiva. La economía fue volviendo a un sistema primitivo de subsistencia a medida que la población descendía, las ciudades quedaban desiertas y las villas de las grandes haciendas iban pareciéndose cada vez más a fortalezas. A final del siglo IV, el Imperio de Occidente era un armazón hueco que sucumbió paulatinamente bajo su propio peso.

Parece mentira

Parece mentira, que relatando una historia tan antigua acaecida hace mil setecientos años podamos encontrar tantos paralelismos históricos. Y es que el objetivo de este artículo es doble, porque pretende abarcar dos esferas que por afinidad representa lo que en medicina humana denomina a los individuos que resultan de una sola gestación, “gemelos” o “ mellizos”.

De esta manera, os presento a los protagonistas de una historia que desde luego no les dejará indiferente. Ellos se llaman España, despilfarradora e incongruente, y su hermana mayor, Unión Europea, derrochadora y sin liderazgo.

España despilfarradora e incongruente toma medidas a destiempo, sube impuestos, legisla lo etéreo y perecedero, nos embauca y traiciona, nos baja el salario y nunca nos recompensa con una subida prolongada; es irrelevante en el panorama internacional, no sabe no contesta; nos compara con otros países cayendo en falacias destructivas e insolentes; no tiene ni la más remota idea de historia española porque comete constantemente errores pasados; sus “personajillos” sin lema existencial ni político tienden a la violencia y destrucción de esta nación con discursos separatistas “ de medio pelo”; y, por si fuera poco, no fomentamos un clima empresarial favorable para la inversión extranjera, ni potenciamos el capital humano de nuestras gentes… Un desastre señores. Así no se extrañen que yo no pueda dormir.

Unión Europea tiene una enfermedad más grave: aparte de ser derrochadora como su hermana pequeña, sacando dinero de donde no lo hay, no tiene capacidad de liderazgo ni voluntad política para acabar formando una agrupación de países que tengan su propia idiosincrasia, pero en la cual sus gentes puedan circular, trabajar… como en sus propios países.

A Unión Europea le faltan individuos que crean en un proyecto común y dejen sus intereses particulares para otro momento de la historia; es un momento crucial y la familia europea reclama urgentemente que se unifiquen todas aquellas materias, ámbitos y profesiones, para que los ciudadanos, que son los verdaderos beneficiarios de todo esto, tengan un terreno abonado para construir lazos fuertes con sus hermanos europeos.

Por lo tanto, podemos escuchar los sabios consejos que nos dejaron los historiadores de Roma acerca de las reformas improvisadas de Diocleciano: por mucho que vivamos momentos placenteros y cómodos, sigamos trabajando duramente para que las futuras generaciones encuentren un panorama emprendedor y digno de ser conservado como la reliquia más preciada de nuestro museo. No dejemos en manos de memos, canallas y tramposos el destino de un universo que ha costado mucho sacrificio construir.

Alejandro Serrano es estudiante de Políticas, Económicas y Derecho