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Mensaje en una botella

El fin del mundo

Octubre 16, 2013

Sé que estás esperándome y que es inútil resistirse porque has venido a por mí. Y, como en aquella canción de Los Pistones, “algo tendré que hacer, sí”. Mas no podré continuar la letra diciendo “acabaré con él”. Primero, porque no es él, sino ella. Y segundo, porque nunca podré con ella, tal es su fuerza irresistible. Ella está a punto de aparecer y yo solo soy un ser humano de carne y hueso. “Treintaisiete grados y montón de huesos con algo de pellejo alrededor”, como rezaba aquella canción de Radio Futura.

Presiento que está a punto de doblar cualquier esquina. Desde hace días, miro a ambos lados al cruzar frente a los semáforos porque no sólo quiero asegurarme de que los coches se detienen. También aspiro a confirmar su llegada, tan inminente como inevitable.

Miro el calendario y un escalofrío recorre mis vértebras. Ella está a punto de aparecer, como una invitada que siempre se presenta a pesar de no haber avisado de sus intenciones. Ella no precisa aviso porque su llegada es indiscutible, inapelable, incontestable, incontenible.

Otra vez volverá a dejarse ver y todo cambiará de color. Las noches y los días se amoldarán a su presencia. El tiempo jugará a su favor al principio. Pero, así que pasen los días, el tiempo se volverá su enemigo y pasará a estar en su contra. Entonces tendrá los días contados, igual que ahora mismo cuento yo los días para su pronta llegada.

Mi relación más estable

He aceptado que tenemos que convivir como cuando aceptas los defectos de tu pareja con la esperanza de que ella acepte los tuyos de buen grado. Con el paso de los años he cambiado mi forma de ser y, donde antes hubo recelo, ahora hay entendimiento. Puedo afirmar que hemos llegado a aceptarnos mutuamente y a respetar nuestros respectivos espacios. Ella no invade el mío más de la cuenta y yo no invado el suyo más de lo imprescindible. Se ha convertido en mi relación más estable. Damos uno al otro lo que el otro espera, pero nos guardamos alguna sorpresa para la despedida. Así es más fácil decir adiós. Y en ese temible momento de la despedida es como si llegara el fin del mundo. Pero el fin del mundo siempre es el principio de otro mundo para nosotros. Porque sabemos que nos veremos de nuevo. Sé que siempre volverás.

Hoy sé que estás esperándome y que es inútil resistirse. Por eso me dejo llevar. Porque sé que llegarás un año más, que mantendremos nuestro fugaz idilio y que luego te largarás con viento fresco. El viento que siempre sopla cuando te marchas cada 7 de enero, mi querida Navidad.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero