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Otras opiniones

El fin de la aventura: 6 años después, ZP se despeña

Enero 3, 2010

Quizás las encuestas y sondeos de esta hora, las que se han publicado apenas llegado 2010, sean las más ajustadas a la realidad y las más pegadas al surco que se han llevado a cabo desde mucho hace tiempo. ¿Cuál es esa realidad? Tan sencilla de describir como los cinco millones de parados reales (los oficiales más los camuflados), que deambulan sin rumbo fijo por las ciudades y pueblos de España y que al fin y a la postre son la madre de todas las miserias y aún tragedias.
 
Desengáñense: el 2010 será, desde el punto de vista económico, mucho peor que el fenecido 2009, pese al “optimismo patológico” del que sigue haciendo gala ese curioso primer ministro que los españoles se buscaron tras aquellas bombas del 11-M.
 
Pero el espejismo tiene su fecha de caducidad. Con la caja pública repleta de telarañas, con la situación internacional escapándosele entre las manos, con una incapacidad más que demostrada para aceptar la realidad que le rodea, el presidente ha decidido meter la cabeza bajo el ala y que ahí se las den todas. ¡Qué tipo! ¡Qué espectáculo tan bochornoso!
 

Saber

Si Rodríguez Zapatero fuera siquiera un gobernante, no un estadista que eso le queda muy/muy lejos, sabría ya después de seis años de disfrutar de la mamandurria a costa de todos nosotros, que lo importante para tomar decisiones y para estar al timón es saber, tener conocimientos serios y abigarrados.
 
A este singular personaje surgido de las cloacas de los culiparlantes, sin haber dado un palo al agua en su vida ni haber dirigido siquiera una mercería, todo le viene grande. Una cosa es conspirar en la Agrupación Socialista de León y en la UGT local y cosa bien distinta tener capacidad para estar al frente de todo un país.
 
Lo diré por corto y por derecho: este tío no sabe. Punto.
 

Querer

Zapatero sí quiere. Pero quiere vehiculares por las paqueiradas de siempre: gays, lesbianas, abortos y demás temas tan queridos para un dirigente político que a lo más que tenía que haber llegado era a conserje del cuartel general de Ferraz.
 
Y quiere también cargarse a todo el que se pone por delante y que no le ríe las gracias a las inmensas gilipolleces que por su boca gasta. Hasta sus amigos íntimos le están abandonando.
 

Poder

No puede. Lo intenta, pero es incapaz de mirar de frente a sus desastres: la quiebra económica del país, el déficit sin parangón, el endeudamiento extraordinario y hasta la corrupción en el gasto de su Gobierno.
Y como no puede –es algo tan manifiesto que produce melancolía reiterarlo- hay que echarle porque se ha convertido en una rémora para nuestro presente y, sobre todo, para nuestro futuro. Fuera le toman a risa y aquí produce hilaridad.
 
Todo tiene su fecha de caducidad. Y su despeñe en popularidad y credibilidad se puede describir ya sin paliativos en cualquier mercado, oficina, fábrica o las colas del INEM que es el sitio más adecuado para mandar a este sujeto que no gobierna pero manda.
 

Graciano Palomo es periodista y analista político